Mi nombre es Harvey Milk cuenta la historia del político americano Harvey Milk. Milk nació en Nueva York el 1930. Allí desarrollo su homosexualidad y la mantuvo en secreto. Al poco de cumplir los 40, y harto de vivir escondido, decide mudarse, con su novio Scott (James Franco), a San Francisco. Allí se instalan al barrio del Castro. Barrio en el que se instalaron una gran cantidad de gays. Una vez allí monta una tienda de cámaras de fotos y empieza a introducirse en la política. Después de unas cuantas elecciones perdidas al fin consigue un puesto como concejal del distrito del Casto, en el ayuntamiento de San Francisco. Su política tolerante y de aceptación le valió muchos elogios, pero también muchas críticas (por parte del sector más conservador). En 1978, el también concejal Dan White (Josh Brolin), le asesinó a él y al alcalde de la ciudad. Su muerte significó un duro golpe para las masas homosexuales de todo el país, pero, gracias a su política abierta y moderna, su legado sigue vivo y, seguramente, el mundo gay no sería lo mismo sin la figura de este controvertido político.
La película se centra en la vida política de Harvey Milk, o séase, que lo conocemos a partir de su 40 aniversario. El film está exclusivamente centrado en el lado político de Harvey, aunque durante todo el Film iremos conociendo sus amoríos y pasiones. Gus Van Sant emplea un recurso muy típico en el cine: Avanzar los hechos. Todos sabemos que este político murió asesinado, así que Gus no nos lo esconde, y es lo primero que nos dice en el film. Con lo que la película se convierte en una exposición de hechos hasta llegar al momento de su muerte. Esta jugada le salió muy bien a Sam Mendes en American Beauty. Pero a diferencia de Harvey Milk, el personaje de Kevin Spacey no sabíamos como moría, con lo que las dudas e intrigas eran más fuertes. En la película que nos concierne conocemos perfectamente el motivo de su muerte, y esto hace que la estructura del film no sea la más adecuada. Quizá este punto es el que resta más puntos al film, ya que llega un momento en el que dejamos de prestar atención ante tantas leyes y enmiendas, y sólo deseamos ver como llega su muerte y porque motivo.
Pero no todo son puntos negativos en el film. Nada más lejos. Si la estructura del film, quizá, no es la más correcta, si que lo es el tiempo. Gus Van Sant sabe mucho de cine, y sabe que las cosas deben pasar rápido para que el espectador esté atento. Con esta premisa, el director, nos resume 8 años de vida del protagonista centrándose sólo en los hechos más representativos. La película gasta poco tiempo en las elecciones pérdidas y en los preparativos de estas, y se centra, prácticamente en su totalidad, en el mandato como concejal. Esto es un arma de doble filo. Por una parte acorta considerablemente la duración del film, que siempre se agradece, pero por otra deja al espectador con ganas de saber más de según que temas y hace que ciertas partes sean un tanto aburridas. Esto nos lleva a lo que decíamos antes. Y es que conocer el final de la historia, antes de empezar, es un lastre muy grande. Gus Van Sant consigue que este lastre no sea tan grande, pero no consigue suprimirlo del todo.
Pero vayamos a la parte más fuerte del film: Sean Penn. El veterano actor vuelve a demostrar, una vez más, porque es uno de los grandes de Hollywood. Esta implacable en su papel: claro, entendible, creíble, responsable y, lo más importante de todo, gay. Sean Penn borda su papel. Incluso llegaremos a pensar si realmente conocía al personaje. Y es que además de hacerlo de maravilla tiene cierto parecido físico con el auténtico político. Sin duda estamos ante una de las mejores interpretaciones de Penn. Seguramente no llega al nivel de Mystic River, pero también debemos decir que es una de las mejores actuaciones que hemos visto este (caótico) 2008. Como ya he dicho al principio de la crítica, el actor tiene muchos números por llevarse el Óscar. Lamentablemente los números que no tiene él los tiene Mickey Rourke, así que vaticino una férrea lucha entre los dos actores por el galardón. Pero, gane o no el premio, esta actuación es una de las mejores de Sean Penn, y realmente es el que da sentido a la película.
En términos generales, y sin entrar a concretar, podríamos decir que la película está bien. No es una mala película, aunque tampoco creo que vaya a pasar a la historia. Gus Van Sant nos ha querido contar la historia de un pionero político. Lo ha conseguido, nos ha contado su historia y hemos aprendido que sin ese buen señor, llamado Harvey Milk, la sociedad homosexual no sería lo que es hoy en día. Lamentablemente la película contiene momentos muy dispares. Gus mezcla momentos brillantes, con largos minutos sin que pase nada. Esto puede echar para atrás a ciertos espectadores. A mi, sinceramente, no me importa, aunque creo que a la película le falta un “algo más” para ser considerada una “imprescindible”. Gus Van Sant ha hecho un buen trabajo que seguro qué os gustará, pero el que se lleva la palma es Sean Penn, con una interpretación brillante. Como ya he dicho está nominada a 8 Óscars, aunque no creo que gane más de uno o dos. Puede que Mejor actor y tal vez mejor guión original. De los premios gordos no creo que se lleve ninguno…
- Lo mejor: La brillante interpretación de Sean Penn
- Lo peor: Ciertos momentos en los que no pasa nada
- Recomendada a: Todos los que tengan inquietudes homosexuales, lésbicas, políticas o todas a la vez.

2 Comentarios
ARVIKIS comentó
el sábado, 21 de febreroGlen Jupiter comentó
el martes, 24 de febrero