Es Death Proof, pues, una obra menor, hecha con clara voluntad de pasatiempo y de pura diversión. No que Kill Bill, Pulp Fiction o Reservoir Dogs no fueran hechas con eso en mente, pero se trata de películas mucho más transgresoras, tanto a nivel estético como de contenido, algo que Tarantino esta vez no ha logrado concretar. Death Proof es sólo estética, y ni siquiera extraordinaria (él mismo es el director de fotografía), y sorprende que en un director como él y en un film como éste haya bajadas de ritmo que, por ejemplo, no encontramos en Planet Terror. Hay, sin embargo, diálogos ingeniosos, escenas memorables (Kurt Russell lamiendo los pies de Rosario Dawson) y una particular visión de la mujer moderna que a veces corre el peligro de caer en el tópico.
También hay algo que me plantea una duda: ¿por qué cuándo se estrenó la película en festivales de cine de medio mundo tuvo una acogida fría, mientras que ahora, en su estreno comercial, la mayoría de críticas son positivas? ¿Intereses comerciales, quizá? Death Proof en mi opinión no es, ni de lejos, una obra maestra, y si la carrera cinematográfica de Tarantino fuera más dilatada, sin duda sería calificada como obra de segunda línea. Pero por suerte, una obra de segunda línea de Quentin Tarantino sigue siendo mucho más recomendable que la mayoría de películas del Hollywood actual...

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