En El caso Bourne, realizada en 2002, intentaba descubrir quién era en realidad; en El mito de Bourne, de 2004, se vengaba por lo que le habían hecho. Ahora regresa a casa y lo recuerda todo.
Jason Bourne, o sea, Matt Damon, vuelve para finiquitar su trilogía. Esta vez, la acción le llevará a Madrid, siguiendo la pista del único hombre que le une a su pasado, Neal Daniels. Además de la estación de Atocha, se rodó la fachada de la oficina de Daniels, donde Bourne se enfrenta a agentes del CRI y se encuentra de nuevo con Nicky, a la que tuvo de rehén en El mito de Bourne, en pleno centro de la capital española, concretamente en la calle Virgen de los Peligros. También se rodó una reunión entre el periodista Simon Ross y Neal Daniels en la plaza de Santa Cruz. La escena en que Bourne le pide a Nicky que le hable de su pasado transcurre en un área de servicio en una autovía a la salida de Madrid.
Vídeos y entrevistas, después del salto...
Las películas de Bourne se destacan por lo trepidante de la acción y las múltiples localizaciones, y esta vez le ha tocado a Madrid:
En Tánger, para que Matt Damon y el equipo de especialistas pasaran de un tejado a otro y para organizar una explosión en la mismísima medina, el equipo de producción tuvo que realizar más de 2.000 contratos entre comerciantes y particulares. Tampoco fue fácil rodar en la estación londinense de Waterloo: más de 380.000 viajeros la usan a diario, por lo que fueron necesarios cinco meses de negociaciones para conseguir los permisos de rodaje... En cambio, el estilo intimista de Paul Greengrass permitió rodar en pleno Manhattan con los actores en medio de la gente camino del trabajo o de casa. A menudo los transeúntes no se daban cuenta de que se estaba rodando una película.
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