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El sueño de Cassandra 1

Hacer una película al año, por mucho talento que se tenga, es algo que debe de resultar agotador. Y más si lo llevas haciendo desde hace 1969, caso del prolífico director estadounidense Woody Allen. Tras el revuelo generado a raiz de la grabación de su nueva película en Barcelona (la que se estrenará el año que viene), ahora llega, medio de puntillas, la que la precede: El sueño de Cassandra (Cassandra’s Dream), donde Allen vuelve a mostrar su lado más macabro, se aleja de la comedia al uso y cierra así su particular ‘trilogía de Londres’ (Match Point, Scoop, y la que nos ocupa). ¿Pero qué encierra El sueño de Cassandra?

Imagen de El sueño de Cassandra

El sueño de Cassandra supone un retorno al Woody Allen que sorprendió a crítica y público con la sensacional Match Point, brillante ejemplo de comedia negra deudora de los films de los hermanos Cohen (Ladykillers) y que supuso un soplo de aire fresco en una carrera que parecía encallada en las comedias fáciles. Pese a que Scoop, su siguiente asalto, era una buena película, muchos la consideramos una obra menor, y El Sueño de Cassandra entra por mérito propio en la categoría media-alta dentro de la carrera de Allen… o al menos así lo parece a lo largo de la mayor parte de la película.

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La historia del film se centra en dos hermanos, Ian (Ewan McGregor) y Terry (Colin Farrell), cuya situación económica y laboral es óptima pero no ideal, y cómo se ven involucrados en un macabro favor que les pide su multimillonario tío para no ir a la cárcel (en una gran escena que homenajea a clásicos como El Padrino). A partir de ahí se dibuja la clásica línea moral que tanto le gusta explorar a Allen, entre lo correcto y lo necesario, la avaricia y la ética, y el egoísmo que nos domina a todos en algún momento concreto de la vida. Uno de los hermanos, Ian, muestra el lado oscuro de la condición humana, arrastrando al otro hacia el ‘lado oscuro’, símbolo del arrepentimiento y causante de los problemas de la película. En medio de la historia, con la trascendencia justa, una nueva musa para Woody Allen: Hayley Atwell en el papel de Angela, y en el papel de femme fatale que tanto le gusta retratar a Allen.

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Hasta ahí todo bien: se dibujan los personajes, los dilemas, los imprescindibles toques de comedia negra macabra que alimentan la risa maliciosa, y la película parece que va en buena dirección. Es una lástima, pues, que un final demasiado apresurado no haga justicia a lo que el film ha ido construyendo a lo largo del metraje, y acabe dejando un gusto agridulce para una película bien desarrollada y que muestra a un Woody Allen que todavía puede dejarnos maravillas del calibre de Match Point o Melinda y Melinda, aunque esta vez no haya acabado de atinar. ¿Será Vicky Cristina Barcelona la próxima? Ya veremos, porqué con ese nombre…

Nota: 7

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