Criticas
Hara-kiri: la muerte de un samurai

Después de la redundancia, el gran problema de los remakes es que, en la mayoría de los casos, parece que la única diferencia con la cinta original está en los créditos y en el tamaño de la pantalla donde ves la película. No se recontextualiza su trama, y las aportaciones argumentales son mínimas o inexistentes, usualmente insustanciales. “Hara-kiri: muerte de un samurai”, de Takashi Miike, no es una excepción a lo dicho, pero tiene la suerte -para, irónicamente, desgracia nuestra, del populacho- de que su premisa y sus planteamientos sean absolutamente contemporáneos.
Así, cincuenta años después del original de Masaki Kobayashi, esta historia de samuráis que se ven abocados al suicidio porque la paz que reina en el Japón del siglo XVII les ha dejado sin trabajo y son incapaces de reinserirse en la sociedad es aún más extrapolable a nuestra realidad que en la época en la que se estrenó.
Miike (que, visto también su sangriento remake de “13 asesinos”(2010), se acerca a la herencia fílmica nipona con un clasicismo formal rara vez contemplable en sus otros trabajos) se limita a no cambiar -ni estropear- lo que ya funciona en la obra de Kobayashi: su capacidad para desarrollar con contención tonal un melodrama disfrazado de cinta de samuráis, cuyo -logrado- reto parece ser trascender la banalización icónica del autodestructivo ritual de dichos guerreros asiáticos narrando la tragedia que hay detrás de tan drástica decisión, y, a su vez, poniendo en cuestión la honorabilidad y la grandeza de espíritu de esta antigua élite militar.
Si acaso, hay que reconocerle al realizador de esta nueva versión su aportación hemoglobínica, la cual, sin llegar al festín bermejo (tampoco lo requiere) de “13 asesinos”, es bastante más prominente que en el original, y aporta fisicidad a los combates y, el otro gran logro de Miike en este film, a la cruda, tensa, agónica escena del haraquiri (que ya se ha cobrado algunas ‘víctimas’ en los cines de la península), donde, además, juega perversa y deliciosamente con el fuera de plano.
Al final, y en resumen, una correcta capa de pintura para un gran clásico del cine asiático.
(fuente imagen: SOS Moviers)
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