Criticas

La cueva de los sueños olvidados 3D

cueva

De abismo en abismo, era inevitable que Werner Herzog acabara enfocando su cámara hacia el más insondable de todos: el histórico. Terreno de interpretaciones y deducciones de imposible conclusión, y aquí tomando como base las pinturas rupestres pertenecientes al Paleolítico Superior (pinturas, calculan los expertos, de hace 30.000/32.000 años), descubiertas el año 1994 en una cueva francesa (la Cueva de Chauvet).

La limitación de registros de su campo visual en este contexto (además de, probablemente, el sentimiento de responsabilidad por ser el único realizador al que se ha permitido filmar dichas pinturas, durante un máximo de seis días, cuatro horas por jornada) convierten a “La cueva de los sueños olvidados” en su documental más ortodoxo, con una mirada menos personal, ‘conformándose’, a nivel general, con inmortalizar en el celuloide dichos hallazgos histórico-artísticos, y combinarlo con entrevistas a sus descubridores, y a otros expertos en la materia.

Sin embargo, igual que la naturaleza del escorpión es inevitablemente la que es, tanto mismo lo es la de Herzog, y el factor diferencial, único, y hasta pintoresco de ciertos elementos del entorno acaba filtrándose, por momentos, en su cinta vía supuestos históricos (¡ir de París a Londres a pie porque el Canal de La Mancha era un riachuelo!), entrevistados (ese arqueólogo ataviado con las pieles que, se deduce, vestían los cromañones -en la foto-), y nuevas figuras contemporáneas (la historia de una central nuclear ubicada a 32 km. de la cueva). Es con ésta última cuando se produce el momento más ‘sui generis’ del film, al reflexionar sobre la capacidad de manipulación evolutiva del hombre, desarrollando, donde alguna vez hubieron temperatures polares, un ecosistema tropical, formado a partir de los vapores radioactivos del agua utilizada para enfriar los reactores, que sirve de criadero de -bellísimos- cocodrilos albinos, viendo en la palidez escamosa de estos vestigios prehistóricos el alma desajustada de tiempos ancestrales. En menor -como aquí- o mayor medida, el cineasta alemán siempre prevalece.

También expone (con un punto de misticismo verbalizado) coincidencias sorprendentes, como el diálogo que establecen entre si la pintura de un toro con la cabeza recostada en el bajo vientre de una mujer -la única y parcial representación humana en Chauvet, por cierto-, y el cuadro de Picasso “Minotauro acariciando una mujer dormida”, que el pintor creó en 1933 (y, por lo tanto, no pudo estar influenciado por la representación rupestre).

Respecto al uso del 3D, y a diferencia de la pura intención chocante y circense (y bastante agotadora) que en la misma sesión dejó patente el tráiler de “Ice Age 4″ (y también en precedentes ‘artie’ como “Pina” de Wim Wenders, donde el relieve de los bailarines reducía nuestra posibilidad de sentir su interacción con los diferentes espacios donde actuaban), aquí es de mucha utilidad, al dar profundidad y dimensión a las imágenes interiores, convirtiendo mágicamente la pantalla en una ventana que da a la cueva.

Así pues, con este interesante documental Herzog sigue dando lustre a la que será una notable carrera de fondo cinematográfica.

(fuente imagen: Cave of forgotten dreams)

Escrito por Arnau Espinach el 3 julio, 2012 | ningún comentario
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