Criticas

Prometheus

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Sé que el mundo de las precuelas no funciona así, pero no se puede empezar una película por el final. Por lo menos, es una decisión arriesgada, ya que el resto del guión puede acabar siendo una mera justificación del punto de partida/final, y la trama, en lugar de avanzar hacia algún lugar, desemboca en algo, sabe a dónde ha de ir y busca la manera de llegar allí como sea, aunque tenga que correr de espaldas en lugar de hacerlo de cara. Y, sin ingenio, el legado se puede volver una losa para ciertos films, sobretodo si tienen los débiles cimientos de “Prometheus”.

Sin embargo, lo más crudo de este regreso de Ridley Scott a la ciencia ficción treinta años después de su última aportación al género -”Blade Runner”(1982)- es que tiene una trama tan pobre que ni siquiera se sostiene por si sola, observada objetivamente como un trabajo aislado (quizá era de esperar viendo que el libreto es cosa de los escritores de dos mediocridades como “La hora más oscura” y “Cowboys & Aliens” -vale, vale, y la serie “Perdidos”-). Y la ‘culpa’ es de los que están involucrados en ella, de quienes depende su desarrollo: los personajes.

Porque aquí tenemos a un equipo de científicos y exploradores que llega a un planeta desconocido en el año 2093, y cuyo comportamiento hace buena la profecía de “Idiocracia”(2006), aquella gamberrada dirigida por Mike Judge sobre una sociedad de dentro de medio siglo en la que la gente está tan idiotizada que cualquier ‘mindundi’ de hoy en día se convierte fácilmente en la persona más inteligente del mundo. Toqueteo de objetos y seres vivos que se desconocen sin tomar precauciones, desorientaciones difícilmente creíbles, muertes absurdas (apartarse o correr, esa es la cuestión), ausencia poco discutida (y sí muy discutible) de armas de fuego o elementos de defensa…una serie de despropósitos que acaban penalizando sobre el argumento del film porque se intuye que las consecuencias de tan improbables acciones tan sólo tienen como objetivo llegar a determinada meta narrativa. Ni siquiera el cíborg se salva de la reiteración y la falta de inspiración (¿nadie sospecha de que un androide, si se supone que no tiene alma, tenga sentido del humor y capacidad reflexiva?).

Pero quien tuvo, retuvo, y el realizador escocés aún es capaz de captar la espectacularidad de sus escenas más aparatosas (la tormenta de arena; cierto momento final ‘rodante’) o dar una lección sobre cómo filmar, sin montaje epiléptico pero insuflando frenesí y tensión, una secuencia cumbre (magistral escena, la de la, ejem, ‘cirugía abdominal’ -guiño antimachista incluido-).

No menos interesante (aunque poco más que apuntado) por infrecuente es el agridulce mensaje general de la película, en la que la curiosidad humana es, a su vez, motor imparable y motivo de riesgo de exterminio para la especie en si.

Expuestas, pues, todas las limitaciones y los contado méritos de “Prometheus”, los proyectos, que ya están en marcha, de la secuela de esta misma cinta y de “Blade Runner”(1982) me obligan a insistir a su director: “Ridley, punto y final. Punto y final”.

(fuente imagen: Vívelo hoy)

Escrito por Arnau Espinach el 8 agosto, 2012 | ningún comentario
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