Criticas

Red State

Después de triunfar en el pasado festival de Sitges, se estrena en España la nueva película de Kevin Smith. El gran director que años ha nos deleitó con joyas como Clerks o Chasing Amy ahora se atreve a dirigir una película de terror (o eso era lo que se nos vendió en un principio). A priori no puede sonar más raro, pero no se puede negar que el experimento despierta cierta curiosidad. Y después de algunos bodrios como Jersey Girl o Cop Out (seré justo, son los dos únicos deslices que ha tenido en su carrera y la segunda ni quiera la escribió él, era una peli de encargo) teníamos ganas de ver de nuevo una buena película de Kevin.

Pero vayamos por partes. Esto ni es una película de terror, ni es una película de Kevin Smith. El argumento de la cinta tiene tres partes claramente diferenciadas: Los primeros diez minutos son una especie de comedia adolescente cutre que por momentos parece un episodio de The Inbetweeners de lo más descafeinado, es la peor parte de la cinta pero sirve como presentación de personajes. Después de la introducción, Red State se convierte en una suerte de thriller psicológico que en manos de cualquier Eli Roth de turno habría caído en el torture-porn barato, pero que en manos de Smith se queda en algo bastante más light (y elegante) de lo habitual en este tipo de producciones. El último tercio del film, y sin duda mi favorito, lo convierte todo en un estallido de disparos, macarrería y violencia gratuita que se agradece bastante.

Lo primero que llama la atención es que, visualmente, Red State no tiene absolutamente nada que ver con lo que nos tiene acostumbrados el director enamorado de Nueva Jersey. La cámara estática no existe. El movimiento es constante y frenético, incluso mareante por momentos. El montaje también es muy ágil y las escenas de acción están sorprendentemente bien rodadas. Sin duda, el cambio de registro le ha sentado fenomenal al bueno de Kevin.

Sin embargo, el gran problema de Red State recae en su total falta de personalidad. No se vislumbra el toque Smith en prácticamente ninguna escena (quizá sólo en los cinco últimos minutos). Ni rastro de sus geniales diálogos. Ni rastro de su ingenio. Ni rastro de sus personajes inolvidables. No parece una cinta de Smith, lo he dicho antes, pero eso es bueno y malo. Lo que gana en agilidad, frenetismo y adrenalina lo pierde en carisma. Lo más cruel que puedo decir es que podría confundir esta película con la de un Uwe Boll medianamente competente. Evidentemente, siendo una película a caballo entre el terror psicológico y el thriller, no podíamos esperar un guión plagado de chistes fálicos y referencias obscenas como en sus anteriores trabajos, pero sí podíamos esperar unos diálogos a la altura. Y de esos hay muy poquitos. De cara al final se puede observar que el tono del film adquiere cierta distancia irónica, pero no es suficiente.

Los actores están genial, destacando especialmente Michael Parks y Melissa Leo, inmensos y realmente aterradores. El problema es que todos los personajes de la cinta son totalmente planos y, por si fuera poco, tienen un desarrollo nulo y no nos importa nada lo que les pase (y viniendo del tipo que logró inundarme en lágrimas con Chasing Amy, tiene delito). El simple hecho de contar con John Goodman en tu reparto y tener las narices de desaprovecharlo tanto, lo siento, es peregrino. El resto del reparto hace lo que puede, y tampoco desentona mucho. Por desgracia, Smith nos ha vuelto a colar por la fuerza a su mujer, Jennifer Schwalbach, y creo que no soy el único que le está cogiendo asco a marchas forzadas.

Pese a todo, es una película muy buena y disfrutable. Hay que reconocerle a Smith el mérito de arriesgar y haber salido tan airoso. Podría haberse quedado en lo fácil, haber hecho un torture-porn cutre con el pretexto de meterse con la iglesia y los fundamentalistas cristianos; pero en cambio nos ha dado una película más variada (hasta el punto de parecer tres películas en una), donde se ha metido con todo y con todos (le mete la misma caña a los fundamentalistas cristianos como a la juventud actual y al gobierno). Bien es verdad que se podría haber tomado la molestia de desarrollar un poco a sus personajes (lo mínimo para que nos importen), o haberse currado algún diálogo de los suyos de esos que quedan para la posteridad, pero lo cierto es que la cinta lleva un ritmo tan endiablado que no se permite respiro alguno. La sensación final es satisfactoria y es imposible no sonreír con la última frase del filme. Ahí sí, 100% Kevin Smith.

Escrito por Juan Carlos Ferrer Aranda el 25 junio, 2012 | ningún comentario
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