Criticas

Surveillance

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“No puedes discutir con la naturaleza” se lee en la puerta de un castigado lavabo de carretera en el que paran algunos de los personajes de “Surveillance”, el segundo film de Jennifer Lynch. Quizá por eso, la directora estadounidense, no sólo no ha intentado rodar una película absolutamente opuesta a la turbiedad ambiental de las cintas de su padre (que sería otra forma de estar condicionada por éste), sino que, en ella, la cinta, queda patente cierta influencia de la filmografía paternal.

Y es que en la inusual mezcla de huis clos y road movie que da forma a esta remarcable película resuenan ecos contemporaneizados de “Corazón salvaje”(1990) en lo que incumbe a unos -ciertos- personajes al límite de lo creíble por su desfachatez entre cómica y sórdida.

Ahí, lo ‘creíble’, es donde radica el distanciamiento -y la limitación- del vástago respecto a la ‘sombra’ paterna, en evitar el territorio onírico para tener lo plausible como reto, y, a su vez, condición. Y “Surveillance” sale bastante airosa del envite gracias a un guión juguetón (escrito a cuatro manos con Kent Harper, uno de los policías de la película), que suelta pistas que se confunden dentro del contexto narrativo, bordea líneas rojas (especialmente lo relacionado con la furgoneta, momento clave en el que, probablemente, algunos/as espectadores/as desconecten, mientras otros nos ponemos en guardia, y el resto sigue en su fe ciega), pero logra mantenerse dentro de sus cabales.

Unos cabales, eso sí, en el que los bandos de una intriga clásica se ven difuminados por una especie de ‘lucha de -despóticos, delirantes- gigantes’ que involucra a desafortunados ciudadanos corrientes, abierta por ambigua en sus motivaciones (¿venganza? ¿locura? ¿perversidad?), y en la que están notables el mencionado Harper y Gill Gayle como la pareja de agentes que patrulla las carreteras circundantes de un pueblo de la América Profunda (alimentando aquí el estereotipo de reunir a lo más ruin del país), efectivo Michael Ironside como capitán de la policía local, y más que bien Julia Ormond (no así su pareja laboral en el film, Bill Pullman, cuyo representante se ganó un sobresueldo involucrándole con la familia Lynch -también participó en “Carretera perdida”(1997), realizada por el padre-, pero que interpretativamente hace lo que puede) como agente de la FBI que investiga un misterioso caso.

Para ser casi un debút (quince años antes -porque el film nos llega cuatro años tarde- ya se había ‘estrenado’ con “Mi obsesión por Helena”(1993)), Jennifer Lynch se ha ganado que tengamos bastantes expectativas ante su última película (a parte su Bollywood de serie b terrorífica aquí no estrenado, “Hisss”(2010)), “Chained”(2012), que podrá verse en el Festival de Sitges de este año. Y la sensación de que algo debe de haber en sus genes.

(fuente imagen: Zona freak)

Escrito por Arnau Espinach el 20 agosto, 2012 | ningún comentario
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