Criticas

The Yellow Sea

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Si algo no le falta a las películas de Na Hong-jin es pulso fílmico, un vigoroso tesón narrativo que permanece dormido mientras el director coloca las piezas de su historia (aquí, la de un hombre que vive en China, ahogado por las deudas que tiene con mafiosos, y que se ve obligado a ir a Corea a hacer de sicario, con el deseo personal, además, de encontrar allí a su mujer, que les abandonó a él y a su hija), para, llegado cierto momento (que no son los últimos diez minutos, sino mucho, muchísimo antes, y ahi está la gracia), agarrarte del cogote, y ya no soltarte hasta el final del film.

Sin embargo, este inesperado y arrollador desarrollo de los hechos, que le provoca a uno la agradable sensación de entrar en el terreno de la imprevisibilidad (o cómo un película de intriga tiene intriga de verdad), también se lleva por delante parte del rigor argumental con el que empieza la historia, como ya pasaba en su anterior “The Chaser” (2008), de la que hablamos aquí en la sección de “El Rescate del Bibliotecario”, derivando, poco a poco, hacia un divertimento con súper humanos (confesado por el propio director, de ahí que ciertas muertes no sean bruscas, sino como baterías que, de repente, se quedan sin energía), nada desdeñable por ingenioso y despendolado, pero que sí elimina la sensación de estar viendo algo realmente grande.

De todas maneras, Hong-jin deja no pocos buenos recuerdos a lo largo de los 140 minutos (que no 157, como está informado en todos lados) que dura la cinta, empezando por existencialistas escenas de falsa transición (la del protagonista mirando la mancha de humedad en la pared, como el que observa el futuro o se mira a si mismo en el espejo), logradas referencias a sus cineastas fetiche (el milimetrado plan con las luces del edificio, puro Melville, o cualquiera de las largas y frenéticas persecuciones a pie, directamente influenciadas por Michael Mann), y, como no podía faltar en un film de acción surcoreano, escenas epatantes (la de la suite del hotel, o la del hueso de ternera), casi todas con el jocoso y fantástico Kim Yun-seok -ver foto- involucrado en ellas. Martillo incluido, faltaría más.

El antiépico desenlace de “The Yellow sea” es una inmejorable manera para terminar esta destacable película, y, como en otras escenas del film, uno puede entender en ella la poderosa idea de que, sin un mínimo de adrenalina, no somos nada, y estamos a merced de cualquiera.

(fuente imagen: La Vanguardia)

Escrito por Arnau Espinach el 14 enero, 2012 | ningún comentario
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