Crítica de ’28 años después: El templo de los huesos’: Una secuela que no da la talla.

El género zombi es uno de los más particulares del terror, porque ha ido creando y reinventando sus convenciones a lo largo de un siglo. Lo que empezó como gente víctima del vudú de un brujo, hoy son infectados con hongos.
En este contexto, la saga 28 días después, iniciada en 2002 por Danny Boyle (director) y Alex Garland (guionista), sigue siendo fundamental para entender el fenómeno zombi contemporáneo. Ya no son muertos vivientes levantados de sus tumbas (esa metáfora del consumismo que desarrolló el padre del género, George A. Romero). Ahora son infectados por el virus de la rabia, transformando a los seres humanos en contagiosos depredadores de carne humana (una visión nihilista del mundo actual en la que somos nosotros los artífices de nuestra propia destrucción en un laboratorio).

Esta primera incursión de Boyle en el género supuso también una apuesta formal radical, por su empleo de la imagen digital de baja resolución y una dirección tan alocada como creativa. La segunda llegó en 2025 con la tercera entrega de la franquicia, titulada 28 años después, también escrita por Alex Garland. Aunque sea pronto para decirlo, esta película puede suponer una nueva evolución del género (aunque, de momento, solo dentro de su universo).
El cineasta británico regresaba más desatado, aberrante y creativo que nunca, con todo su barroquismo camp e infinitos recursos visuales y de montaje para presentar a los infectados como hombres y mujeres de la prehistoria: violentos con otros humanos, pero capaces de convivir, reproducirse y recolectar entre ellos. Un giro que continúa la visión nihilista de la obra original: la humanidad crea su propia destrucción, pero es capaz de renacer de sus cenizas.

28 años después: El templo de los huesos, con libreto nuevamente de Garland pero dirigida esta vez por Nia DaCosta (The Marvels, Hedda), continúa los eventos de la cinta de 2025, sin embargo, decepciona en muchos de sus frentes, con una historia dividida en dos tramas.
La primera de ellas sigue a Spike (Alfie Williams), el joven protagonista de la anterior, ahora integrante de la secta de Jimmy (Jack O’Connell), un sádico satanista que busca provocar el caos allá donde va. Lamentablemente, la película no dedica tiempo a conocer y explorar esta secta, dándola por sentada (se dedican a torturar y asesinar por la gloria de Lucifer, y nada más).
Esto desanima a cualquiera, pues el final de 28 años después tiene un giro tonal radical: señores en chándal matando zombis al ritmo de una versión death metal de los Teletubbies. Y, aunque en aquella se hacía referencia a la estética de Jimmy Savile, un disc-jockey y presentador británico que creó un culto alrededor de su persona y que fue un depredador sexual en serie, en esta no se utiliza esto de ninguna manera, y el antagonista acaba sintiéndose un personaje heredado de otros villanos extravagantes y violentos, cuyo poder se basa más en el miedo que en el carisma o la inteligencia.
No existe dinámica alguna entre Jimmy y Spike, quien se limita a ser el espectador pasivo de los atroces actos de su líder. Con quien sí hay una dinámica prometedora es con una de las secuaces, interpretada por una magnífica Erin Kellyman (Blitz), quien desconfía de la palabra de su líder y protege a Spike de él.
Desgraciadamente, Garland tampoco explora aquí ninguno de los temas que tiene a mano, como el fanatismo o la redención, optando por un desarrollo más simple y obvio, que abraza lo mil y una veces antes visto. Algo incomprensible viniendo de una predecesora tan original.

La otra trama, la más interesante, recae sobre el doctor Kelson (Ralph Fiennes), quien entabla relación con Samson, el infectado Alpha que habita cerca de su monumento esquelético a la muerte. Kelson halla un remedio para su propia soledad: apaciguar la rabia de este gigantesco infectado por medio de opiáceos para estudiar la infección. He aquí lo más fascinante de 28 años después: El templo de los huesos. Sin entrar en territorio de spoilers, la película apuesta por un zombi que puede sanar y evolucionar, alejándose de forma radical del infectado que conocimos y llegando a dar un arco bien construido a lo que, hasta ahora, era solo un monstruoso y sanguinario devora-hombres.

En lo formal, 28 años después: El templo de los huesos supone un paso atrás gigantesco con respecto a la película de Danny Boyle. Es lógico esperar un cambio de dirección cuando la propuesta del británico es tan radical, pero el salto de calidad es abismal. Nia DaCosta simplemente no da la talla al lado de 28 años después, salvo en la secuencia del clímax, rodada con una subjetividad sugerente y juguetona. En lo demás, peca de ser genérica y académica. Ni siquiera la denostada 28 semanas después, de Juan Carlos Fresnadillo, lo era.
Mientras que la película de 2025 empleó una imagen hiper-digitalizada, que incluía planos y diferencias ópticas aberrantes, las imágenes de DaCosta pecan de ser más planas. Bien es cierto que incorpora algunos recursos de Boyle, como la cámara arnés, pero su uso se siente más arbitrario y tosco. Si 28 años después utilizaba técnicas de montaje como la ralentización y aceleración de la imagen o el uso de material de archivo, lo máximo a lo que aspira esta secuela es a montar una escenas como un videoclip al ritmo de la canción de turno. Y usar Radiohead en una secuencia de montaje genérica es motivo de juicio.

Quizá lo más grave sea que 28 años después: El templo de los huesos es incapaz de recoger el testigo de aquella alucinante secuencia final de 28 años después, que prometía una continuación rupturista. Claramente, Nia DaCosta no era la directora indicada para esa tarea y otro director de la talla de Boyle hubiera sacado mayor partido a las ideas de Garland, haciendo que su guion se nutriera de una narrativa y una estética más elaboradas. No obstante, aquí estamos con una peli del montón, sin identidad y que solo coge carrerilla con su cliffhanger final. Con suerte, la tercera entrega regresará al nivel previo y esta quedará tan olvidada como 28 semanas después.
«28 AÑOS DESPUÉS: EL TEMPLO DE LOS HUESOS», ESTRENO MAÑANA EN CINES.



Enrique Constans
Licenciado en cine documental por la ECAM, donde realizó varios cortometrajes en calidad de director, guionista y montador. Además, ha estudiado guion y crítica cinematográfica y dirigido y escrito varios cortometrajes. Actualmente se dedica tanto a la escritura de ficción como a la docencia de Historia del Cine en la UNED. Ha cubierto el 73.º y el 74.ºFestival Internacional de Cine de San Sebastián como prensa acreditada para mundoCine.
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