Crítica de ‘Animales’: Un thriller de secuestros de la vieja escuela (o ‘El infierno del odio’ según Ben Affleck).

Cuando Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña estaban escribiendo El ser querido (2026), se enteraron de que Joachim Trier tenía en preproducción Valor sentimental (2025), una película con más de un punto en común con la suya. Algo parecido le ocurrió a Ben Affleck con Animales: estaba a dos semanas de empezar a rodar cuando descubrió que Spike Lee hacía lo propio con Highest 2 Lowest (2025), de argumento muy similar. Lo curioso es que el estadounidense no tenía ni pajolera idea (los más cinéfilos se llevarán las manos a la cabeza) de que lo de Lee no era otra cosa que un remake de El infierno del odio (1963), de Akira Kurosawa, que a su vez adaptaba la novela policíaca El secuestro del rey (1959), de Ed McBain.
En lugar de echarle una carrera a Lee, Affleck decidió levantar el pie del acelerador y separar en el calendario ambos estrenos. Con la espera, sin embargo, se le cayó el reparto previsto: su bromance eterno y amigo del alma, Matt Damon (¿quién si no?), que se fue a surcar los mares de La odisea con Christopher Nolan (comprensible, cuando menos), y Jennifer Garner. Así que ahora es el propio Affleck quien dirige y también protagoniza la película (Argo style), con Kerry Washington (Scandal) heredando el papel de Garner, que prefirió ahorrarse el trago de hacer de esposa en crisis junto a su ex en la vida real.
Ya con un nuevo matrimonio en el cartel, Animales aterriza por fin en Netflix con un arranque situacional, de los que se toman su tiempo para colocar las piezas sobre el tablero. Affleck interpreta a Mark Kimball, un candidato blanco a la alcaldía de Los Ángeles, casado con una mujer negra y padre de un hijo birracial, y los primeros compases nos pasean por su agenda de campaña, la de un hombre que parece tener la vida perfectamente encarrilada. Eso, al menos, de cara al público. De puertas para dentro, Mark se lo juega todo a una carrera electoral en la que va por detrás de su rival, una candidata latina, en las encuestas; apenas pisa su casa, y su mujer, Abigail, mantiene un affaire con Ron Sperling, al que da vida Ray Fisher, viejo compañero de Affleck en Liga de la Justicia (2017).

Todo salta por los aires (y esto no es ningún spoiler, sino la premisa) cuando Mark recibe la llamada de un número desconocido. Al otro lado, una voz distorsionada asegura tener a su hijo y exige siete millones de dólares en efectivo antes de medianoche. Si no, en sus propias y delicadas palabras, «lo corto entero y os lo mando a cachitos». Y, por supuesto, nada de policía, faltaría más.
Al principio, los Kimball lo toman por un farol. Al fin y al cabo, es noche de Halloween y el crío acaba de salir a pedir caramelos (¡truco o trato!) con la niñera, encarnada por Adriana Paz (Emilia Pérez), y con el hijo del novio de esta, un hombre al que la familia no contrató en su día por ser indocumentado y al que pone rostro Luis Gerardo Méndez (Club de Cuervos). Pero cuando no consiguen contactar con ella, el instinto empieza a olerse lo peor. Y a partir de ahí ya no hay truco que valga: solo un trato, si ellos lo aceptan.
Y ese trato se negocia por teléfono, en una ristra de llamadas que arranca con dos encadenadas en un único plano secuencia de cuatro minutos que es puro nervio. Sin un montaje que actúe de válvula de escape, el espectador traga saliva y sufre a la par que los Kimball el rifirrafe, el comecome y la mieditis en tiempo real, atrincherado con ellos en el hogar familiar, donde a partir de entonces cada paso se vigila al milímetro. Esa tensión saca lo mejor del doble ganador del Óscar por el guion de El indomable Will Hunting (1997), firmado a cuatro manos con Damon, y como productor de Argo (2012), Mejor Película de aquel año, que también dirigió y protagonizó.
Llegados a este punto, el matrimonio ya no puede apañárselas solo y, aconsejado por su jefe de campaña, un Steven Yeun que ya compartió pantalla con Affleck en The Rip (2026), recurre a una misteriosa consultora especializada en secuestros, personaje que recae en Gillian Anderson (Sex Education).

Con ella al mando, la cuenta atrás sigue su curso hasta desembocar en el clímax, el único momento capaz de rivalizar con aquellas primeras llamadas. Y lo hace rescatando un fetiche muy de la casa: las caretas. Si en The Town (2010), también con Affleck delante y detrás de las cámaras, los atracadores se escondían tras máscaras de monja, aquí la elegida es una de conejo. Entre una y otra secuencia, las más vertiginosas de la película, queda claro que Affleck sigue sabiendo armar un thriller con músculo. Pero lo que de verdad se queda rondando la cabeza al terminar es el dilema moral que plantea, infinitamente más jugoso, dicho sea de paso, que los constantes y machacones problemas matrimoniales de la pareja, casi siempre a grito pelado.
¿Y en qué consiste ese dilema? Basta decir que es muy cercano al de Kurosawa (y hasta aquí vamos a destripar), y el público no tardará en preguntarse qué haría en el lugar de los Kimball como ciudadano de a pie ante el giro de guion. Eso sí, Affleck, que firma el libreto junto a Connor McIntyre y Billy Ray (Los juegos del hambre), lo lleva a su terreno con un protagonista que no es un empresario o un magnate cualquiera, sino un aspirante a la alcaldía que se debatirá entre las opciones A, B y C, sabiendo que cada una tendrá su precio tanto en las urnas (¿qué pensarán los votantes de lo que haga o deje de hacer?) como en su bolsillo (que no pasa por su mejor momento).

Todo ello hace de Animales un thriller de secuestros de la vieja escuela, carne de sofá y manta para una noche entretenida de streaming y con un dilema moral que da para largas sobremesas. Que las comparaciones con Kurosawa saltan a la vista y que la película no llega a las cotas de las anteriores incursiones tras la cámara del que fuera Batman, también. Pero así es El infierno del odio según Ben Affleck.



Marta Medina
Directora de mundoCine. Graduada en Estudios Ingleses por la Universidad de Sevilla (US) y con un nivel C2 de inglés. Tomatometer-Approved Critic y miembro del Círculo de Profesionales de las Series Españolas. Amante del cine y seguidora de la temporada de premios y festivales de cine. Ha cubierto festivales de cine como el de Sundance, San Sebastián y Sevilla, y eventos como la San Diego Comic-Con Málaga, además de entrevistar a personalidades como el oscarizado Gints Zilbalodis. En 2024, recibió el premio ASECAN a la Mejor Labor Informativa sobre Cine.
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