CRÍTICA: «Chicken Run: Amanecer de los Nuggets»
Una secuela tan innecesaria como irrelevante.

Desde el nacimiento del cine, la animación siempre ha sido y será algo novedoso y llamativo, debido a que la animación siempre evoluciona, cambia y mejora con el paso de los años. De esta forma, cuando en los años 2000 se popularizaba el estilo de animación conocido como “Claymation», las productoras decidieron aprovechar esta fama para estrenar películas con ese estilo de animación. Así, nacieron películas como “Wallace & Gromit: La maldición de las verduras”, “Mary and Max”, “Chuck Steel: Night of the Trampires” o “¡Piratas!”, entre algunas otras. Pero dentro de esta oleada de películas, se estrenaría una de las más importantes: “Chicken Run: Evasión en la Granja”, que presentaba una historia profunda, envuelta por una capa infantil y era una película hecha tanto para los adultos como para los más pequeños. Veintitrés años después, Netflix apuesta por estrenar una secuela titulada “Chicken Run: Amanecer de los Nuggets”.
Después de desafiar a la muerte en la arriesgada fuga de la granja de Tweedy, Ginger ha cumplido su sueño: una tranquila reserva isleña para toda la pandilla, lejos de los peligros del mundo humano. Cuando ella y Rocky tienen una hija llamada Molly, el final feliz de Ginger parece definitivo. Pero en el continente, el mundo gallináceo se enfrenta a una nueva y terrible amenaza. Esta vez, Ginger y sus amigos, en vez de fugarse, planean perpetrar un allanamiento, aunque para ello deban poner en peligro su libertad que tanto les costó conseguir.

La función principal de una secuela es la de continuar con la historia que dejó su antecesora, siempre y cuando queden elementos por tratar e historias por resolver, por lo que cuando se confirmó esta segunda parte, todos nos preguntábamos qué quedaba por contar después de que todo el gallinero escapase de la granja. Y sinceramente, no quedaba por contar nada; esta secuela solo está hecha por y para la nostalgia. Su intención es volvernos a encontrar con aquellos personajes y aquella animación que nos maravilló hace tantos años, pero en cuanto a lo narrativo, no tiene nada que ofrecer.
La historia no solo es predecible, sino que además es uno de los mayores clichés en la historia del cine: la hija de los protagonistas quiere descubrir mundo y desobedece las órdenes de sus padres para comenzar un viaje ella sola, pero todo sale mal y deben ir a rescatarla para al final, trabajar en familia y volver a la normalidad. Es una historia tantas veces vista antes que no te consigue atrapar, haciendo que sea una película poco interesante, a la par que previsible en todos los momentos.

Al margen de todo esto, «Chicken Run: Amanecer de los Nuggets» es, por supuesto, una película entretenida, disfrutable y perfecta para ver en familia, con unos protagonistas que conservan todo su carisma y su estilo y trayendo de vuelta esa maravillosa animación que sorprende no solo por lo visual, sino por toda la puesta en escena que consiguen crear, llena de momentos grandiosos donde permiten deslumbrar con sus escenas de acción y comedia.
En esta secuela, el director Sam Fell (“Ratónpolis”, “El alucinante mundo de Norman”, “El valiente Despereaux”) vuelve a demostrar su gran talento para la animación, pero en cuanto a historia y guion, defrauda.

Como conclusión, «Chicken Run: Amanecer de los Nuggets» es una secuela innecesaria, a la cual le falta una historia sólida y original. Una película destinada a ser olvidada como una secuela del montón, pero que, sin duda, es una gran opción para pasar una tarde entretenida.
“CHICKEN RUN: AMANECER DE LOS NUGGETS», YA EN NETFLIX.


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