Crítica de ‘Nouvelle Vague’ [73SSIFF]: El verdadero arte es plagio o revolución.

Han pasado 65 años desde que Jean-Luc Godard, cineasta franco-suizo de entonces 30 años, dirigiese una de las películas fundamentales y fundacionales de la llamada Nueva Ola o Nouvelle Vague francesa. O, por decirlo de otra manera, inventase el cine de la modernidad: uno de lenguaje rupturista y de libertad expresiva, que reivindicaba una cultura específicamente cinéfila. Películas de bajo coste, que abandonaban el rodaje en plató para rodar en la calle, en localizaciones reales. Y que además estaban llenas de recursos deliberadamente artificiosos, metalingüísticos, desnudando al dispositivo fílmico.

Si somos justos, Godard no fue el primero. Varios cineastas, admiradores del cine de Roberto Rossellini, Robert Bresson o Jean-Pierre Melville, ya dieron el paso a la dirección de cortometrajes y largometrajes que desafiaban al “cine de papá”: el cine clásico francés, conservador y aburrido, según declaraban ellos. Se trata de Louis Malle con Ascensor para el cadalso. Alain Resnais con Hiroshima Mon Amour, Agnès Varda con La Pointe Courte y, por supuesto, François Truffaut con Los 400 golpes. Pero si centramos el foco en la revista Cahiers du Cinéma, lugar del que partieron gran parte de los cineastas de la nueva ola, y marcamos el año 1960 como la entrada definitiva de Francia en la modernidad… Godard y su ópera prima marcan un antes y un después.
El cine de la Nouvelle Vague ha influido a cantidad de directores, no solo europeos, sino de todo el mundo: Martin Scorsese, Leos Carax, Jonás Trueba o el propio Richard Linklater (trilogía Before, Hit Man), uno de los mayores retratistas de la juventud en el cine y del paso del tiempo. Solo dos de los elementos que lo relacionan con el cine de Eric Rohmer, pero también con Truffaut. Entonces, que Linklater, en plena etapa de madurez como cineasta, decida trasladar su mirada a la Francia de 1960 y retratar a la juventud que, de alguna manera, reinventó el cine y lo inventó a él, tiene todo el sentido del mundo.

Nouvelle Vague, que se proyecta en la sección Perlak del Festival de San Sebastián tras su estreno en Cannes, no solo habla de Godard y su película. Habla de toda una generación de cineastas: jóvenes críticos de cine en Cahiers du Cinéma que, cuando no están viendo cine o escribiendo sobre cine, beben y fuman en bares de París. Personajes de apariencia extravagante entre los que destaca el propio Jean-Luc, una estrella del rock que nunca se quita sus gafas de sol, siempre porta un cigarrillo encendido y que habla de la manera más pedante que verás en tu vida. El único del círculo de Cahiers que todavía no ha dirigido un largometraje y que ansía hacerse valer.
El retrato que hace Linklater de Godard dista muchísimo de aquella película Mal genio de Hazanavicius. Aquí es un joven pedante que quiere atentar contra todo lo que rodea al medio que más le apasiona: el cine. Sea más o menos realista (tanto él como el resto de los personajes son realmente parecidos a los reales), en espíritu es el Godard del que tanto se hablaba en los años 60: arrogancia, bravura, espontaneidad y, repito por si no ha quedado claro, pedantería hasta decir basta. Si quisiéramos una recopilación de frases míticas del director, esta película es la lista definitiva
Linklater narra con una ligereza arrolladora todo el proceso por el cual Al final de la escapada fue hecha. Sin renunciar a un cierto realismo base, y siempre evitando caer en caricaturas de sus personajes, rueda con absoluta admiración y respeto. Sus imágenes se componen en blanco y negro, en 35 milímetros y formato 4:3, incluyendo las marcas del cambio de bobina y distintas peculiaridades técnicas. Recorre, a lo largo de 17 días de rodaje, las peripecias del director, actores y equipo técnico de la película en clave de comedia, de making of y de carta de amor al cine. Hace hincapié en el estilo de dirección del propio Godard, haciendo todo lo contrario a lo que, hasta entonces, parecía lógico. Especial énfasis en la dirección de actores, en la que unos jóvenes Jean-Paul Belmondo (Aubry Dullin) y Jean Seberg (Zoey Deutch) están sometidos a las ocurrencias del joven director. Y es un proceso tremendamente divertido y ligero. No especialmente profundo, y prácticamente cero analítico. Una de las cosas que Godard revolucionó, aquí y en el resto de su obra, fue el montaje. En Nouvelle Vague, a esto se le dedica una pequeña escena y nada más. Si se echa de menos algo, es esto.

El cineasta estadounidense consigue dos cosas realmente destacables. La primera es que el espectador olvide la naturaleza ficticia que rodea a Nouvelle Vague. Crees estar viendo a la auténtica generación de Cahiers, sin tampoco humanizarlos en exceso. Es fácil que Godard llegue a ser cargante (lo fue hasta el final de sus días), pero Linklater da por hecho, de forma muy acertada, que el espectador es conocedor del mito. Y si no, lo notará. Todo tiene esa aura de mito, de anécdota que sale en los libros de cine. Obvio que, si eres conocedor de todo esto, el disfrute será mayor. Pero si no… estáis en buenas manos.
El otro gran acierto, y que caracteriza a gran parte del cine de Richard Linklater, es el uso del tiempo. Las películas se componen de imágenes y sonidos, sí… pero también de tiempo. En Nouvelle Vague, el conflicto brilla por su ausencia. No hay suspense ni intriga sobre si Godard conseguirá rodar Al final de la escapada (de lo contrario, no estaríamos aquí). Estamos ante una propuesta que detiene el tiempo y lo observa con lupa. Rechaza el dramatismo tradicional y ofrece una sucesión de momentos. Sin más. Esto puede restarle algo de valor al conjunto, e incluso algo de verdad a lo que muestra, pero Linklater compone una sinfonía cinéfila, hecha por y para fans de esta etapa del séptimo arte.


En definitiva, Nouvelle Vague es una película divertidísima.
«NOUVELLE VAGUE» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN Y SE ESTRENA EL 9 DE ENERO EN CINES.



Enrique Constans
Licenciado en cine documental por la ECAM, donde realizó varios cortometrajes en calidad de director, guionista y montador. Además, ha estudiado guion y crítica cinematográfica y dirigido y escrito varios cortometrajes. Actualmente se dedica tanto a la escritura de ficción como a la docencia de Historia del Cine en la UNED. Ha cubierto el 73.º y el 74.ºFestival Internacional de Cine de San Sebastián como prensa acreditada para mundoCine.
Sigue leyendo...

El Festival de Sevilla 2026 anuncia el jurado de su Sección Oficial, presidido por Howard A. Rodman.

El palmarés de la Seminci 2026: ‘Dao’, de Alain Gomis, se lleva la Espiga de Oro con la historia de una boda en Francia y un funeral en Guinea-Bisáu.

El Festival de Sevilla 2026 pone a la venta sus entradas, y estas son las 15 películas que no te puedes perder, de la Palma de Oro ‘Fjord’ a la Carmen más animada.

Crítica de ‘Matar a un oso’: Los hermanos Sánchez-Cabezudo reescriben las reglas del thriller español con una historia que va mucho más allá del crimen.

Crítica de ‘Wildwood: El bosque salvaje’: La película del año se construye como una obra atemporal que habla tanto de la artesanía en sí como de sus propios temas.

Thierry Frémaux recibirá el Giraldillo de Honor en el Festival de Sevilla 2026.

Sandra Sánchez, cuya historia llega al cine con ‘Karateka’: «La mente te dice que no mucho antes de lo que de verdad el cuerpo puede soportar».

Crítica de ‘Karateka’: El admirable blockbuster sobre una Indiana Jones de Talavera de la Reina.

Javier Giner, director de ‘Esta soledad’: «'Yo, adicto' era yo en un festival de música; 'Esta soledad' soy yo un domingo en casa».

