Crítica de ‘El Jockey’: Morir y nacer de nuevo.

En 2018 se estrenó El ángel, escrita y dirigida por Luis Ortega, cineasta argentino que contó con la producción de Pedro y Agustín Almodóvar. Un drama criminal queer con mucha personalidad, cuyo estilo y estética son perfectamente reconocibles en el siguiente título de su director, El jockey. Y es que, todos los (mejores) elementos de la primera están, de alguna manera, presentes en la segunda, ganadora de numerosos premios entre los que se encuentra el de Horizontes Latinos en el Festival de San Sebastián.
El jockey es muchas cosas. Un reflejo de cómo el cine latinoamericano de autor está abrazando una corriente alegórica, alejada del realismo mediante fugas fantásticas (el tradicional realismo mágico que tanto ha caracterizado a la literatura latina), retorciendo las convenciones de lo narrativo y volviéndose cada vez más estético. Una muestra de personalidad arrolladora por parte de su director, con un imaginario propio, tanto visual como sonoro. Una comedia negra. Un drama criminal. Una película sobre la búsqueda de la identidad. ¡Y más cosas!
Vayamos en orden. Remo (Nahuel Pérez Biscayart) es un jockey legendario. Tanto los medios de comunicación como los mafiosos con los que está endeudado le adoran, pero él está más muerto que vivo. En su presentación, es imposible saber si siquiera respira. Su carácter autodestructivo –consumo de anfetaminas para caballos, alcohol y un irremediable desapego por aquellos que le quieren ver triunfar– empieza a eclipsar su talento y su relación amorosa con Abril (Úrsula Corberó). Todo cambia el día de la carrera más importante de su vida. Remo sufre un terrible accidente que amenaza con acabar con su vida, pero algo extraño sucede. La anciana con la que comparte habitación muere, y Remo renace. Ya no es Remo, sino Lola, vestida con un abrigo de anciana, maquillaje y una escayola en la cabeza.

El jockey es algo brillante. No por lo disparatado de su argumento ni por el barroquismo de sus imágenes, sino por lo equilibrada que es en sus recursos y excesos. Su comedia es más física que verbal, apostando por un modelo de gag slapstick en ocasiones. Aquí entra en juego Nahuel Pérez Buscayart (Glue), cuya (falta de) expresividad, sumada a su físico, le transforma en una suerte de Buster Keaton. Muchas veces, la atención a los cuerpos y gestos de los personajes (ya presente en El ángel, aunque en menor medida) da como resultado escenas de puro deleite estético, casi musicales. Hablo, por supuesto, de la secuencia de preparación para la carrera, al ritmo de la música (otro recurso que se repite desde su anterior título, con una selección musical perfecta).

La historia va cargándose de metáforas y el surrealismo está cada vez más presente. Podemos ver a Remo flotar y caminar por las paredes o desaparecer frente a un espejo con tan solo apagar la luz. Pero lejos de convertir a este personaje en uno sobrehumano, la película lo humaniza constantemente gracias a su búsqueda de identidad. Ahora, Remo es Lola, o más bien, siempre ha sido Lola atrapada en el cuerpo de Remo.
No es que sea un filme con mucho que decir sobre el tema identitario o que teorice sobre lo trans, pero sí es coherente en sus propios códigos. Su novia, Abril, en realidad ha estado siempre enamorada de Lola, no de Remo (así lo expresa al inicio: para amarle, debe morir y nacer de nuevo). Y así actúa en consecuencia durante toda la historia.

La película muta delante de nuestros ojos, combinando lo criminal con lo cómico, lo surreal y lo romántico hasta concluir de forma todavía más imprevista. Así, El jockey se alza como una de las películas más divertidas y originales que han cruzado el Atlántico en los últimos años. Sin duda, merece la pena verla.
«EL JOCKEY», ESTRENO MAÑANA EN CINES.



Enrique Constans
Licenciado en cine documental por la ECAM, donde realizó varios cortometrajes en calidad de director, guionista y montador. Además, ha estudiado guion y crítica cinematográfica y dirigido y escrito varios cortometrajes. Actualmente se dedica tanto a la escritura de ficción como a la docencia de Historia del Cine en la UNED. Ha cubierto el 73.º y el 74.ºFestival Internacional de Cine de San Sebastián como prensa acreditada para mundoCine.
Sigue leyendo...

El palmarés de la Seminci 2026: ‘Dao’, de Alain Gomis, se lleva la Espiga de Oro con la historia de una boda en Francia y un funeral en Guinea-Bisáu.

El Festival de Sevilla 2026 pone a la venta sus entradas, y estas son las 15 películas que no te puedes perder, de la Palma de Oro ‘Fjord’ a la Carmen más animada.

Crítica de ‘Matar a un oso’: Los hermanos Sánchez-Cabezudo reescriben las reglas del thriller español con una historia que va mucho más allá del crimen.

Crítica de ‘Wildwood: El bosque salvaje’: La película del año se construye como una obra atemporal que habla tanto de la artesanía en sí como de sus propios temas.

Thierry Frémaux recibirá el Giraldillo de Honor en el Festival de Sevilla 2026.

Sandra Sánchez, cuya historia llega al cine con ‘Karateka’: «La mente te dice que no mucho antes de lo que de verdad el cuerpo puede soportar».

Crítica de ‘Karateka’: El admirable blockbuster sobre una Indiana Jones de Talavera de la Reina.

Javier Giner, director de ‘Esta soledad’: «'Yo, adicto' era yo en un festival de música; 'Esta soledad' soy yo un domingo en casa».

Crítica de ‘Esta soledad’: Una relación desde sus ausencias.
![Crítica de ‘Cartas de Estado’ (‘Yellow Letters’) [71Seminci]: Precisa disección de la represión política como dinamita familiar.](/uploads/2026/10/cartas-del-estado-yellow-letters-2026-critica.webp)
