Crítica de ‘El sonido de la caída’ (‘Sound of Falling’): El eco fantasmal.

La palabra «fantasma» proviene del griego φάντασμα, que significa «reflejo, aparecer, manifestarse». De esta misma raíz derivan los términos «imaginación» e «imagen» –ambos traducidos al latín como imaginatio– y φῶς (phōs), vocablo del que procede «fotografía».
Según Deleuze, el cine es una reproducción de imágenes en la que la presencia del fantasma se hace visible a partir de la dualidad de la imagen como acción y tiempo. Se asocia así con «dejar volver a los fantasmas». El cine, por tanto, permite ver aquello oculto: hace presente la ausencia.
Roland Barthes también hace una reflexión parecida en su libro La cámara lúcida: las imágenes son un documento petrificado de nuestra propia mortalidad; en este sentido, son una forma de nombrar la ausencia, lo que «ya ha sido», es decir, el peso y el recuerdo de la finitud.
Sobre estas bases, Mascha Schilinski (Die Tochter) edifica su segunda película, El sonido de la caída, una intrahistoria a modo de rompecabezas donde recoge las vidas silenciadas de cuatro mujeres vinculadas familiarmente en una misma casa a lo largo de diferentes momentos de la historia, que se estrenó en el Festival de Cannes 2025 y se alzó con el Premio del Jurado.

El formalismo estético desempeña una función fundamental para la narrativa; así, vemos reflejos de Terrence Malick (El árbol de la vida) o Michael Haneke (La pianista) en toda la obra. De manera luminosa, a través de un trabajo de fotografía cuidado y detallado, la imagen se relaciona intrínsecamente con el tiempo gracias al uso de planos sostenidos que nos remiten a fotografías antiguas.
A esto se le suma su uso para remarcar, en una de las historias, la constante preocupación de Alma por la muerte, estableciendo un juego de espejos entre sus preguntas inocentes e infantiles –asociadas a lo fantasmagórico y la fantasía– y lo que transcurre en su casa –un ambiente de violencia y silencio donde la muerte está siempre presente–.

Gracias a las elipsis temporales, entre planos subjetivos de mirillas, ventanas o insectos, la cineasta alemana cambia a los personajes de lugar, manteniéndose atemporal y con una narración en voz en off que nos interpela y sirve como hilo conductor. Descubrimos aquello que está oculto, lo que sobrevuela en el aire asfixiante de la casa, y cómo sus personajes intentan, de este modo, descifrar los secretos familiares a la vez que unen las generaciones a través de los mismos sueños y experiencias.
En este sentido, la fotografía, más que enseñar, recuerda y cimenta el relato en torno a la vivencia íntimamente femenina. Uno de los personajes reflexiona introspectivamente: «siempre ves las cosas desde fuera, pero nunca a ti misma». Es así, en efecto: las mujeres son observadas por el hombre y, bajo la presión patriarcal y el trauma, sobreviven, se lanzan al vacío, son violentadas o, incluso, la desafían.

Por otro lado, la sonoridad se construye mediante susurros, ecos, silencios sorprendentes e impactantes, o ruidos y voces lejanas fuera de campo. Del mismo modo, aporta el mismo peso el silencio que la palabra. Los personajes también verbalizan cierta extrañeza hacia el lenguaje: cómo la repetición de una palabra vacía su contenido. En toda la obra, el sonido posee una capacidad de refracción que nos impacta directamente.

A pesar de su ambición estética y del deleite visual, El sonido de la caída se alarga tanto en esa construcción atemporal que, como espectadores, nos hace perdernos. Los personajes resultan poco definidos, exigiéndonos imaginar y llenar demasiados huecos en este puzle. La imagen se sostiene y se recrea en la poesía, desenfocando la historia de sus protagonistas, lo que hace que se termine perdiendo el interés, sumado a que resulta reiterativa en varios de sus temas principales, como el acecho de la muerte o la depresión.

En definitiva, Schilinski erige un film fragmentado que se diluye en su propia propuesta por intentar capturar lo oculto. Una obra que, al igual que la memoria, se construye a través de retazos y silencios, dejándonos con la sensación de haber vivido un intenso sueño.
«EL SONIDO DE LA CAÍDA», YA EN CINES.


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