Crítica de ‘G20’: Viola Davis, de Woman King a POTUS.

Ser EGOT no es algo que se logre con facilidad, y la lista de quienes lo han conseguido es exclusiva. Tan solo diecinueve personas pueden presumir de haber ganado un Emmy, un Grammy, un Óscar y un Tony. Entre ellas se encuentra Viola Davis –la tercera mujer negra en alcanzar esta especie de santidad artística– con un Emmy por Cómo defender a un asesino, un Grammy por el audiolibro de sus memorias Finding Me, un Óscar por la película Fences, y dos Tonys, uno por King Hedley II y otro por la producción de Broadway de Fences. Un increíble recorrido que es la clase de logro que muchos ansían, como es el caso de Timothée Chalamet, que al recoger su Premio SAG al Mejor Actor por A Complete Unknown, la citó en su discurso (para algunos honesto; para otros arrogante) junto a Daniel Day-Lewis y Marlon Brando como referentes en su incansable «búsqueda de la grandeza». Y sí, el nombre de Viola Davis por sí solo puede vender cualquier título, incluido G20, la película de acción que acaba de estrenarse en Prime Video.
Aquí, Davis interpreta a Danielle Sutton, actual presidenta de los Estados Unidos y ex heroína de guerra, que viaja con su familia –su marido Derek (Anthony Anderson), el que es el Primer Caballero, su hija Serena (Marsai Martin) y su hijo Demetrius (Christopher Farrar)– a una cumbre del G20 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, para impulsar su iniciativa de criptomoneda (por muy ridículo que suene). Pero el evento es atacado por un grupo paramilitar, liderado por Rutledge (Antony Starr), y Danielle, tras evitar ser capturada, se convierte en el objetivo principal. Y, así, ella se verá obligada a ser más astuta que el enemigo para proteger a su familia, defender su país y proteger a los líderes mundiales.

Una propuesta que recuerda inevitablemente a títulos como Objetivo: La Casa Blanca y Asalto al poder, aunque con una inversión de roles que permite cierto frescor: aquí no hay un presidente en apuros esperando ser rescatado, sino una presidenta que planta cara. Sin embargo, esa ruptura de molde en su personaje no consigue salvar un guion, escrito a ocho manos por Caitlin Parrish (Supergirl), Erica Weiss (La línea roja), Logan Miller (White Boy Rick) y Noah Miller (Sweetwater), que resulta demasiado prototípico, funcional y sin muchas vueltas de tuerca.
Sin lugar a dudas, lo más disfrutable de G20 es ver a Viola Davis repartir leña al más puro estilo de los héroes de acción de toda la vida –Liam Neeson, Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger o Bruce Willis–, con una palpable fisicidad que ella misma aporta a su personaje, Sutton, que mantiene una buena dinámica con su guardaespaldas Manny (Ramón Rodríguez). Esto es bastante mejor que cuando el relato vira hacia la subrayada y forzada trama materno-filial.

La estructura de esta película responde al clásico juego del gato y el ratón, con la presidenta y su familia inmersos en una serie de persecuciones y escenas de acción de fórmula que se desarrollan en los cerrados espacios de la Cumbre (pasillos, habitaciones, ascensores o azoteas), mientras que un Antony Starr como villano arquetípico y poco memorable (al contrario que su Patriota en The Boys) se ve limitado a estar en una habitación repleta de rehenes y envuelto en deepfakes, órdenes e intimidaciones.
Por su parte, la dirección corre a cargo de Patricia Riggen (Lemonade Mouth, Jack Ryan), más curtida en el ámbito televisivo que en el cine, lo que se nota en una puesta en escena algo plana, con un montaje poco pulido en las secuencias de acción, una fotografía deslucida y efectos visuales deficientes, en especial en las escenas del avión o aquella que incluye un lanzamisiles.

La propia Viola Davis justificó su participación en G20 con honestidad: «No todas las películas que haces tienen que aspirar al Óscar. Quiero hacer algo popular». Y efectivamente, G20 no es una película concebida para la temporada de premios. Su aspiración es otra: la del puro entretenimiento y la acción palomitera. Es lo que el espectador debe tener en mente al darle al play. Y lo de «popular» es algo que el tiempo dirá, pero apunta a que no.
«G20», YA EN PRIME VIDEO.



Marta Medina
Directora de mundoCine. Graduada en Estudios Ingleses por la Universidad de Sevilla (US) y con un nivel C2 de inglés. Tomatometer-Approved Critic y miembro del Círculo de Profesionales de las Series Españolas. Amante del cine y seguidora de la temporada de premios y festivales de cine. Ha cubierto festivales de cine como el de Sundance, San Sebastián y Sevilla, y eventos como la San Diego Comic-Con Málaga, además de entrevistar a personalidades como el oscarizado Gints Zilbalodis. En 2024, recibió el premio ASECAN a la Mejor Labor Informativa sobre Cine.
Sigue leyendo...

El palmarés de la Seminci 2026: ‘Dao’, de Alain Gomis, se lleva la Espiga de Oro con la historia de una boda en Francia y un funeral en Guinea-Bisáu.

El Festival de Sevilla 2026 pone a la venta sus entradas, y estas son las 15 películas que no te puedes perder, de la Palma de Oro ‘Fjord’ a la Carmen más animada.

Crítica de ‘Matar a un oso’: Los hermanos Sánchez-Cabezudo reescriben las reglas del thriller español con una historia que va mucho más allá del crimen.

Crítica de ‘Wildwood: El bosque salvaje’: La película del año se construye como una obra atemporal que habla tanto de la artesanía en sí como de sus propios temas.

Thierry Frémaux recibirá el Giraldillo de Honor en el Festival de Sevilla 2026.

Sandra Sánchez, cuya historia llega al cine con ‘Karateka’: «La mente te dice que no mucho antes de lo que de verdad el cuerpo puede soportar».

Crítica de ‘Karateka’: El admirable blockbuster sobre una Indiana Jones de Talavera de la Reina.

Javier Giner, director de ‘Esta soledad’: «'Yo, adicto' era yo en un festival de música; 'Esta soledad' soy yo un domingo en casa».

Crítica de ‘Esta soledad’: Una relación desde sus ausencias.
![Crítica de ‘Cartas de Estado’ (‘Yellow Letters’) [71Seminci]: Precisa disección de la represión política como dinamita familiar.](/uploads/2026/10/cartas-del-estado-yellow-letters-2026-critica.webp)
