Crítica de ‘H de halcón’ [AMFF16]: E de emoción.

Existen tantas maneras de afrontar el duelo como personas a las que golpea la pérdida. La propia singularidad en la forma en que un ser querido abandona este mundo influye directamente en el estado emocional de la persona a la que deja un vacío casi siempre irreparable.
En ocasiones, este dolor psicológico se clava en el alma, incapacitando la rutina y el hábito previos al duelo, y bloqueando las conexiones afectivas con el entorno familiar, social y, en último término, o a causa de todo ello, puede derivar en una profunda depresión. Más notorio y propenso a estos síntomas es el pesar en torno a dos personas con un estrecho vínculo que vibra a una escala muy particular, casi mágica, que escaparía de cualquier tipo de estudio al que se pudiera someter.
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Helen Macdonald cayó en una profunda depresión tras la repentina muerte de su padre, al que le unía uno de esos lazos que van más allá de lo consanguíneo. La escritora y naturalista británica decidió canalizar su proceso de duelo y depresión a través de la escritura, y el resultado fue su libro autobiográfico H Is For Hawk, que le valió varios reconocimientos de prestigio en el ámbito literario y, también, una adaptación cinematográfica homónima a cargo de la directora y guionista Philippa Lowthorpe (The Crown), que, además del contenido apuntado, aborda la relación de Macdonald con Mabel, el halcón indomable que decidió adiestrar tras la muerte de su padre y que supuso un vehículo para aceptar el duelo y reconstruir un nexo afectivo hondamente dañado.

El de la conexión y el simbolismo entre la relación paternofilial y las aves es un rasgo afín tanto a la novela como a la adaptación, que comienza con un plano subjetivo monocular de Helen observando el vuelo de dos aves a través del telescopio terrestre perteneciente a su padre, al que llama por teléfono para compartir el hallazgo de un hobby que ambos comparten.
La profesión de su progenitor, reputado fotoperiodista del Daily Mirror, refuerza la herramienta visual con la que Lowthorpe sigue tejiendo lazos entre padre e hija al observar a través del objetivo. No discurren apenas diez minutos de H de halcón cuando Helen recibe una llamada que le anuncia la repentina muerte de Alisdair Macdonald, hecho que rompe con el prólogo y marca el signo dramático y argumental que sobrevolará el resto del metraje.

Claire Foy (Desconocidos), que entrega una de las mejores interpretaciones de su carrera, encarna a la propia escritora de la novela en la ficción cinematográfica. Pese a que la mayoría de sus apariciones son en flashbacks, debido al trágico hecho con el que comienza la película, Brendan Gleeson (Almas en pena de Inisherin) está presente durante todo el metraje gracias a su imponente carisma e hipnotismo frente a la cámara, lo que vuelve a reivindicarlo como uno de los mejores actores europeos del momento, así como espiritualmente, por la fuerza emocional, la vulnerabilidad y la tristeza que la ausencia de su personaje inflige a su hija hasta el último plano. Y, claro está, cabe destacar en el reparto a Mabel, el azor (halcón) que sirve como nexo de unión entre padre e hija, y como elemento sanador para la gestión del duelo que ha empujado a Helen a una profunda depresión que la ha aislado de su familia y de su trabajo en Cambridge.
Es a través de la construcción de la afinidad entre el ave rapaz y el personaje de Foy desde donde nace la emoción de H de halcón, consonante del título, que, de nuevo, relaciona al ave y a Helen. Resulta inevitable rememorar, durante el visionado de esta película, otra perteneciente al año anterior, Esa cosa con alas, que, desde un punto de vista fantástico, también trataba el proceso de duelo y su gestión por parte de su viudo protagonista, encarnado por Benedict Cumberbatch. Del mismo modo, y de manera más realista, aquí el adiestramiento del ave marca los diferentes procesos emocionales por los que pasa el personaje protagonista.
Visualmente es interesante cómo Lowthorpe va encerrando poco a poco a Foy y a Mabel entre las paredes de la casa donde viven, convirtiéndola en una celda emocional en la que recluye el dolor mientras intenta digerirlo. Del mismo modo, tanto la familia como los compañeros de trabajo de Helen se van separando del plano hasta aislarla, a medida que la depresión avanza y su única relación afectiva plausible es con su halcón.

El simbolismo entre el adiestramiento y el duelo se hace patente de manera física en el sentido de que ni el personaje humano ni el animal están listos para enfrentarse al mundo exterior en un primer momento, ni para el dolor que pueden causarse el uno al otro en este proceso de aprendizaje. Los pasos adelante del ave no son una réplica inmediata en su adiestradora, a la que el miedo, la incertidumbre y el dolor la atenazan, al tiempo que proyecta sus fobias emocionales en la sobreprotección del halcón.
No solo el guion es inteligente en este sentido, sino también la dirección de Lowthorpe, que logra que el espectador empatice con un animal que, en el cine, no tiene las características empáticas que sí tienen otros, como el perro. Es probable que la música de violines subraye demasiado algunos momentos en los que parece señalarnos que toca emocionarse, ya que la conexión entre la orgánica actuación de Foy, el ave y las pequeñas dosis de Gleeson son más que suficientes para disfrutar de esta historia.

Pese a que su aspecto visual pueda suponer una pequeña barrera por su estética plana y digital, y por no ofrecer demasiadas ideas en cuanto a una luz homogénea y sin grandes contrastes, H de halcón conecta con la emoción desde el alma de una película cuya principal virtud es la grandísima actuación de su actriz protagonista, Claire Foy.
«H DE HALCÓN» PUEDE VERSE EN EL ATLÀNTIDA FILM FEST EN LA VERSIÓN ONLINE EN FILMIN.



Jesús Casas
Curioso cultural y ávido consumidor de cine clásico. Ha cubierto el Festival de Cannes 2026 como prensa acreditada para mundoCine y ha entrevistado a personalidades de la talla de Rodrigo Sorogoyen, Rodrigo Cortés, Álvaro Cervantes, Alba Flores o Sam Reid. También ha cubierto eventos desde la Academia de Cine y galas de premios como las Medallas CEC y los Días de Cine.
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