Crítica de ‘In My Father’s Room’ [74SSIFF]: Pasear por museos, té en mano.

Han pasado 63 años desde la muerte del cineasta nipón Yasujirō Ozu. Su obra, de apasionante delicadeza narrativa, ha influido a varias generaciones de nuevos cineastas en Japón y ha ayudado a crear una estética tan reconocible como valiosa. La debutante directora, escritora y comisaria de arte Maha Harada adapta uno de sus relatos en In My Father’s Room, presentada en la Sección Oficial de la 74.ª edición del Festival de San Sebastián.
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Pensemos en películas como Primavera tardía, El comienzo del verano o Cuentos de Tokio y en cómo Ozu trazaba un diálogo entre tradición (el mundo de los padres, ligado a la familia, la muerte y la herencia) y modernidad (el mundo de los hijos, en busca de la libertad). Pensemos en ello, pero trasladado al presente, a una pequeña, verde y tranquila localidad japonesa que alberga un pequeño museo de arte contemporáneo.
Allí trabaja Satomi (Yu Aoi), una discreta restauradora cuya vida da un giro cuando recibe una misteriosa llave que abre las puertas al pasado de su padre, fallecido en soledad un mes antes. Impulsada por la curiosidad, Satomi descubre que su reservado y anodino progenitor era, en realidad, un devoto poeta, un amante del arte y un aficionado a la tradicional ceremonia del té.

Su búsqueda nos llevará (a ella, como hija aprendiendo de su padre; y a nosotros, como espectadores testigos de preciosos flashbacks) a lugares y personajes fascinantes. Por un lado, a su madre, una entrañable señora que se divorció del padre años atrás y que disfruta de su soledad. Por otro, al joven anticuario con el que su padre se relacionaba y que le enseñó la ceremonia del té (una de las mejores escenas de la película tiene lugar aquí, cuando el padre y el anticuario realizan la primera ceremonia juntos en absoluto silencio, en un momento que nada tiene que envidiarle al cine de Ryūsuke Hamaguchi, presente también en el certamen con All of a Sudden). Y, por último, a su amable nuevo compañero de trabajo en el museo, con quien le une un evento del pasado.
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La cineasta, abrazando la tradición nipona de la contemplación (de un ritmo exigente con el espectador, como el caminar por las salas de un museo), del silencio de los interiores (varias secuencias carecen completamente de diálogo y música) y de la armonía de la naturaleza de los exteriores (ese rutinario paseo bajo los árboles), elabora aquí un preciso lenguaje cinematográfico basado en los espacios y objetos que rememoran la vida de alguien a quien nunca conocimos. Así, encontramos gran abundancia de detalles (que nos recuerdan al cine de Naomi Kawase por su belleza), que no solo justifican todos y cada uno de los flashbacks, sino que también canalizan las emociones del guion.

Nos encontramos ante una película concebida desde la más absoluta sencillez. Aquí no hay una puesta en escena tan rigurosamente calculada como la de Ozu (ni sus famosos planos almohadilla). En su lugar, Harada encuentra numerosos aciertos de puesta en escena que elevan a In My Father’s Room a una obra redonda y completa, desprovista de riesgos o pretensiones. Algo tan sencillo y eficaz como un cambio de vestuario (de la indumentaria negra del trabajo al blanco ceremonial), una intencional paleta de colores (el verde como tono predominante, presente tanto en los árboles, el té o las vidrieras) o una preciosa composición musical (de la que, eso sí, se abusa en algunas ocasiones, convirtiéndose en un subrayado emocional).

In My Father’s Room se alza como una de las propuestas más sencillas y eficaces de la Sección Oficial. También deja entrever el prometedor comienzo de una carrera en la que Maha Harada podría llevar este lenguaje a formas aún más complejas y maduras. Si así ocurre, estaremos impacientes por verlo.
«IN MY FATHER’S ROOM» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN.



Enrique Constans
Licenciado en cine documental por la ECAM, donde realizó varios cortometrajes en calidad de director, guionista y montador. Además, ha estudiado guion y crítica cinematográfica y dirigido y escrito varios cortometrajes. Actualmente se dedica tanto a la escritura de ficción como a la docencia de Historia del Cine en la UNED. Ha cubierto el 73.º y el 74.ºFestival Internacional de Cine de San Sebastián como prensa acreditada para mundoCine.
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