Crítica de ‘Jianyu laide mama’ (‘Her Heart Beats in Its Cage’) [73SSIFF]: Retrato híbrido de lo real.

Hay cineastas que no saben, o no quieren, desprenderse nunca del todo de su pasado. En el caso de Qin Xiaoyu, poeta antes que director, y documentalista antes que narrador de ficciones, esa marca es imposible de borrar. Lo interesante es que él tampoco lo intenta. Su primera película de ficción, Jianyu Laide Mama, presentada en la Sección Oficial de San Sebastián, no se limita a contar una historia carcelaria con tintes familiares, sino que se articula como un híbrido que se sitúa entre la reconstrucción y el testimonio. Entre el artificio y la vida real.
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La premisa es sencilla, casi mínima: Hong, una mujer que ha pasado diez años en prisión por matar a su marido, recupera la libertad y se enfrenta a un mundo que ya no le pertenece. Su hijo Lele ha crecido al cuidado de la abuela, y la relación entre ellos es más la de dos desconocidos que la de madre e hijo. Esa es la base del guion. Pero lo que sostiene de verdad la película es la decisión radical de su director: poner a interpretar la historia a quienes han pasado por la situación que se está mostrando. No hablamos solo de actores no profesionales, sino de personas cuya biografía es tal cuál lo que la película cuenta.
Ese gesto cambia por completo la percepción del espectador. Cada plano parece moverse en un terreno ambiguo: ¿vemos a personajes o a personas? Zhao Xiaohong, en el papel de Hong, no transmite la seguridad de la actriz profesional que domina todos los registros; lo suyo es otra cosa, una verdad desarmante que se cuela en cada silencio, en cada mirada fija. Hay momentos en que el filme parece más confesional que narrativo, como si estuviéramos ante un documental camuflado bajo la estructura de una ficción.

Qin ya había mostrado en The Verse of Us (o Iron Moon) cuánto le interesa esa zona intermedia, donde la poesía se cruza con lo real y el cine se convierte en un espacio de resonancia para quienes no suelen tener voz. Aquí esa misma estrategia adquiere un aire neorrealista: como en el Rossellini de Alemania, año cero o el De Sica de Ladrón de bicicletas, lo que se busca es una verdad desnuda, aunque eso implique cierta torpeza formal o una gestualidad irregular. Y esa imperfección es precisamente lo que hace vibrar a la película.
La fotografía de Liu Yonghong (One day), de tonos apagados y encuadres cerrados, subraya el clima de encierro incluso en los exteriores. Hay algo casi asfixiante en la manera en que se muestran las calles, los patios, las habitaciones. Se dibujan espacios abiertos que, sin embargo, funcionan como otra cárcel. La llamada “prisión invisible” de Hong no necesita barrotes, porque está hecha de miradas, de sospechas, y de la incapacidad social para aceptar a quien ha cometido un delito.

El vínculo entre madre e hijo, tan fácil de idealizar en otros relatos, aquí se presenta con una frialdad incómoda. No hay abrazos melodramáticos ni reconciliaciones milagrosas. Lo que vemos son diálogos cortos, gestos tensos, escenas donde el desconcierto pesa más que el cariño. Uno de los grandes aciertos de Qin es no ceder a la tentación de lo lacrimógeno, puesto que su película es más dura precisamente porque no ofrece la salida fácil de la redención instantánea.
Como espectador, uno se pregunta cuánto hay de guion y cuánto de experiencia real en cada escena. Esa duda no se resuelve nunca, y quizá ahí radique la fuerza de la película. Jianyu Laide Mama no trata de disfrazar lo real con un maquillaje de verosimilitud, sino que juega a mostrarlo en su crudeza, incluso cuando roza lo incómodo.
El montaje, pausado hasta el extremo, insiste en dejar respirar las escenas. Hay silencios prolongados, y transiciones que parecen demorarse más de lo esperado. Puede que a cierto público le resulte lento, pero es justamente ese ritmo lo que permite que la cinta se asiente en un terreno híbrido, sin concesiones al efectismo.
Al final, lo que propone Qin Xiaoyu es un reto al espectador. El reto de aceptar que la ficción puede estar atravesada por lo real, y que lo real, al ser filmado, se convierte inevitablemente en ficción. En esa tensión se mueve la película, con un pulso firme que no teme incomodar.
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Jianyu Laide Mama es, sin duda, un debut arriesgado en la ficción. No es una obra para todos los públicos, pero sí una pieza valiosa para quienes buscan en el cine algo más que entretenimiento: una experiencia que nos obliga a pensar en el modo en que representamos el dolor, la culpa y la posibilidad –o imposibilidad– de empezar de nuevo.
«JIANYU LAIDE MAMA» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN.


Mario Hernández
Cinéfilo granadino de la generación del 98, amante del cine independiente y las grandes sagas. Entusiasta de una buena sesión de peli y manta y graduado en Economía por la Universidad de Granada (UGR) con nivel C1 de inglés. Ha realizado el curso de Crítica de Cine en la Escuela de Escritores de Madrid y ha cubierto como prensa acreditada festivales como los de Málaga y San Sebastián y la San Diego-Cómic Con Málaga para mundoCine, además de entrevistar a personalidades de la talla de Salva Reina, José Mota, Jorge Sanz y Callum Kerr.
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