Crítica de ‘Karate Kid: Legends’: Cinturón negro en decepción.

Hay tráilers y tráilers. Entre los peores están los que destripan la película de principio a fin, los que agotan sus tres únicos chistes buenos y los fraudulentos. El tráiler de Karate Kid: Legends pertenece a este último grupo, prometiendo una participación destacada del tándem formado por el Karate Kid original, Daniel LaRusso (Ralph Macchio), y el Sr. Han (Jackie Chan), cuando no es del todo así. No sorprende, por tanto, su estrepitoso fracaso en la taquilla internacional ni la decisión de Sony Pictures España de retrasar su estreno –previsto inicialmente para el 30 de mayo, misma fecha que la estadounidense– hasta agosto.
Básicamente, esta nueva película hace canon la de 2010, protagonizada por Jaden Smith y Jackie Chan, integrándola en el llamado «Miyagiverso», donde conviven la trilogía original y la serie Cobra Kai. Su efectiva fórmula es bien conocida: un chico (esta vez ya iniciado en las artes marciales, concretamente en el kung-fu) se muda a una nueva ciudad (en este caso, Nueva York), donde conoce a una chica cuyo ex, tóxico, por supuesto, se pone celoso de él y, cómo no, este resulta ser el campeón local de kárate, y se avecina el consabido enfrentamiento entre ambos en un torneo. En esta ocasión, para afrontar el campeonato, el chico no contará con un solo mentor, sino con dos: su profesor de kung fu, el Sr. Han (Jackie Chan), y el mismísimo Daniel LaRusso (Ralph Macchio), cuya conexión se mete con calzador en su secuencia inicial a modo de flashback de Karate Kid II, que ha sido extendida con inteligencia artificial para recrear un diálogo del señor Miyagi que desvela un vínculo entre la familia Han y la familia Miyagi.

El simple guion de Rob Lieber (Pesadillas 2: Noche de Halloween) presenta dos mitades muy diferentes narrativamente hablando, pero igualmente irregulares. La primera, la más larga y la más oculta en el tráiler, sigue a Lee (Ben Wang) mientras se muda y entabla amistad con Mia (Sadie Stanley) y con su padre (Joshua Jackson), un exboxeador –añadiendo así otro deporte de combate a la lista, porque cuantos más, mejor (nótese la ironía)–, al que decide entrenar con la esperanza de que triunfe en un torneo y salve su pizzería con el premio. Esta parte intenta subvertir el típico tropo del sensei que enseña al alumno, proponiendo que el alumno esta vez instruya al adulto, aunque esta trama nunca busca ser el foco principal de la historia, cediendo paso a una segunda mitad en la que –ahora sí– los dos senseis entrenan (más o menos) a Lee para competir en el campeonato de kárate.

El joven Ben Wang, toda una estrella emergente que próximamente formará parte del reparto de Los juegos del hambre: Amanecer en la cosecha y La larga marcha, interpreta a Lee con cierto carisma y una carga dramática que se siente genuina, relacionada con la muerte de su hermano. Aunque su compromiso es encomiable –rueda la mayoría de las escenas de acción sin recurrir a dobles–, la película no le hace justicia.
En cuanto a las leyendas aludidas en el título, Ralph Macchio aparece en pantalla de forma testimonial, sin hacer acto de presencia hasta la última media hora (!). Su personaje no desarrolla ningún vínculo significativo con Lee ni se le muestra entrenándolo de manera relevante. Jackie Chan, por su parte, goza de mayor protagonismo, pero sigue sin consolidarse como un personaje memorable dentro del universo Karate Kid. Y la química entre ambos se queda a años luz de la dinámica a lo buddy movie que LaRusso y Lawrence desprenden con tanta naturalidad en la serie.

De nuevo, la película apuesta más por el kung-fu que por el kárate, al igual que en la entrega de 2010, aunque lo disfraza bajo la idea de «dos ramas; un solo árbol». Y es que, resulta más coherente la explicación que ofrece Cobra Kai: Johnny con su estilo Cobra Kai y Daniel con su estilo Miyagi-Do representan dos formas distintas de entender y practicar el kárate, pero al fin y al cabo, kárate es. Aquí, en cambio, la pretendida fusión entre kung-fu y kárate se queda en lo declarativo, puesto que no hay verdadera integración de ambas artes marciales en pantalla y los entrenamientos brillan por su ausencia (ojo a esa velocísima cuenta atrás hacia el campeonato, porque pestañeas y te pierdes la preparación previa a la competición).
La acción, además, carece del dinamismo que caracterizaba a las coreografías de Cobra Kai. Tan solo una breve secuencia en un callejón –con Lee en cámara lenta golpeando mientras corre por una pared– logra destacar. En general, no es una película especialmente cargada de acción y sus planos suelen ser cortos con rápidos cortes, lo que resulta poco envolvente.

Pero, lo peor es su montaje acelerado, que no permite ni respirar ni desarrollar la historia con fluidez. La recurrencia a pantallas partidas y gráficos extravagantes resulta igualmente fuera de lugar en una saga que siempre ha mantenido un estilo más clásico. Igualmente, la banda sonora, que parece sacada de los temas en tendencia en TikTok, (ejemplo claro: Mystical Magical de Benson Boone), desentona completamente, rompiendo con el aire ochentero, prácticamente inmutable, que ha definido a esta franquicia, incluso en la también contemporánea Cobra Kai. Y eso no es todo: su puesta en escena, anodina y casi televisiva, ratifica que esta producción habría encontrado su lugar como original de plataforma de streaming, lejos de la gran pantalla.

Cuando lo más digno de mención es un cameo final destinado a los fans más acérrimos de Cobra Kai, mal asunto. Karate Kid: Legends es una secuela que intenta aprovechar la nostalgia y el tirón de la serie. Es entretenida, pero no sabe a Karate Kid, y no todos sus golpes dan en el blanco.
«KARATE KID: LEGENDS», YA EN CINES.



Marta Medina
Directora de mundoCine. Graduada en Estudios Ingleses por la Universidad de Sevilla (US) y con un nivel C2 de inglés. Tomatometer-Approved Critic y miembro del Círculo de Profesionales de las Series Españolas. Amante del cine y seguidora de la temporada de premios y festivales de cine. Ha cubierto festivales de cine como el de Sundance, San Sebastián y Sevilla, y eventos como la San Diego Comic-Con Málaga, además de entrevistar a personalidades como el oscarizado Gints Zilbalodis. En 2024, recibió el premio ASECAN a la Mejor Labor Informativa sobre Cine.
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