Crítica de ‘La Conductora’ (‘Eenie Meanie’): Lo importante de resignificar los géneros del cine.

Sé que empezar una crítica hablando desde la primera persona supone un salto cualitativo respecto a lo que es un buen texto analítico. Pero en esta introducción es importante mencionar lo acertado que me parece que Samara Weaving, como actriz, haya seleccionado, a lo largo de finales de los 2010 y principios de los 2020, papeles con una precisión exacta para destacar fuera de la norma.
Desde la comentada Ready or Not, pasando por The Babysitter, hasta el último título que estrenó en 2024, Azrael, vemos que el potencial de esta intérprete a la hora de elegir los roles pretende romper con los estereotipos que nacen de un cine de cliché y costumbre narrativa. Así que, cuando vi que Disney+ estrenaba su nueva película, La conductora, supe que debía traerla de inmediato a mundoCine. Pero no me enrollo más con los halagos y vamos a hablar un poco de lo que viene a ser el largometraje.

Una exconductora de huidas, Maya (Samara Weaving), que ahora trabaja en un banco, ve su vida trastocada cuando un encargo rutinario la enfrenta a una red de conflictos ligados a su exnovio (Karl Glusman) y a la organización criminal para la que solía trabajar. Forzada a huir tanto de sus enemigos como de su propio pasado, deberá decidir si sigue siendo una pieza del juego o si toma el volante de su destino para escapar definitivamente de este mundo.

Esta sinopsis parece no tener nada de especial. A primera vista, podemos divisar que, dentro del género de acción y thriller, hay equiparaciones exactas a otros títulos como Baby Driver o Drive, que ya nos han contado, de múltiples maneras, cómo una persona que es un excelente conductor pervive entre la heroicidad y la villanía en una confrontación moral. Sin embargo, en ambas películas el protagonista era un hombre, una decisión que ya es muy conocida y hasta un poco desmoralizante: ¿el rol protagonista en este tipo de filmes siempre lo tiene que interpretar un hombre? Pues bien, en esta toma de decisiones, la respuesta de Samara Weaving y del guionista y director Shawn Simmons (The Continental) es bastante clara: no. Y eso es uno de los puntos fuertes de la película: cómo va más allá del Test de Bechdel para alcanzar lo distinto. Y lo diferente siempre es atractivo.
De la misma manera, vemos que el potencial de la película reside constantemente en la construcción del personaje. En el caso de escenificar y aludir a los típicos agentes mafiosos, las bandas y demás parafernalia, el guion toma las directrices necesarias para dotar de profundidad a cada individuo (Andy García o Steve Zahn), quienes oscilan entre el bien y el mal, pero con un toque diferencial. El juego de poder, las traiciones y otros revulsivos vienen acompañados de decisiones profundamente humanas, dilemas que provocan giros inesperados y aportan también una dosis de astucia y humor –a veces hasta un toque hilarante que recuerda al Tarantino de los 90–.

En cambio, sí es importante saber que, dentro de lo optimista que resulta este punto, del mismo modo afecta a la narrativa, que en ocasiones, por otorgar espacio a un rol, se olvida de la concordancia dentro de la trama y provoca unos agujeros de guion enormes. Es importante saber equilibrar estos dos aspectos, porque es lo que casi siempre define lo mediocre de lo magistral.

Aun así, creo que en este caso hay muchos otros detalles que compensan. Entre ellos prevalecen la iluminación y la fotografía, a cargo de un mastodonte como Tim Ives, responsable también de trabajos en Mr. Robot o Stranger Things. El juego visual es otro añadido: abrumador y esencial; particular y único. La banda sonora, a cargo de The Haxan Cloak –conocido por su trabajo en Midsommar o Beau tiene miedo– a su vez potencia más el gancho singular de la propuesta: sonidos estridentes y experimentales son su método para atraer lo inusual. En definitiva, esta película parte de lo infrecuente en este tipo de producciones.

Y es que sí, hay que estar agradecidos de haber podido salir de la era del cine de crimen de Scorsese y Coppola. Grandes directores que han caminado para que otros que empiezan puedan correr, cuyos métodos deben dar paso a nuevas propuestas. Y en títulos como este, Hot Summer Nights o Inherent Vice, encontramos la particularidad de esa innovación. Lo importante siempre será que estemos constantemente resignificando los géneros del cine, desde una perspectiva respetable y respetuosa, y en eso La Conductora sabe de sobra cómo hacerlo.
«LA CONDUCTORA», YA EN DISNEY+.


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