Crítica de ‘Materialistas’: Cuando escoges un género que te avergüenza.

Celine Song estuvo en boca de todos en 2023. La cineasta coreano-canadiense de 36 años debutó con Vidas pasadas, un drama sobre dos amigos de la infancia que se reencuentran en la edad adulta. Aquella película tuvo una recepción sorprendentemente divisoria: muchos la amaron (me incluyo) y muchos la odiaron. Pero, al margen de esto, había señas de identidad muy claras en la dirección, sobre todo en lo que respecta al uso del plano general, estéticamente bellos y narrativamente soberbios.
Tras varias nominaciones al Oscar, cabía preguntarse por dónde continuaría el cine de esta directora emergente. La respuesta llegó en 2024, cuando se anunció Materialistas, una comedia romántica protagonizada por Dakota Johnson (Madame Web), Pedro Pascal (Los 4 Fantásticos: Primeros pasos) y Chris Evans (Capitán América). Lo cierto es que el estilo de dirección en Vidas pasadas, aun con toda su estilización, podía traducirse perfectamente al formato de romcom, aunque esto obligaría a su directora a atenerse a un modelo de cine muy diferente.

Viendo Materialistas, el género se identifica desde sus primeros compases. La cámara se sitúa en altura sobre las calles de Manhattan (la misma ciudad que alberga historias como Cuando Harry encontró a Sally o El Diablo viste de Prada) y desciende para encontrarse con su protagonista, Lucy (Dakota Johnson). La mirada de un hombre trajeado la examina de arriba abajo y Lucy, en vez de molestarse o ignorarle, le propone encontrar a la mujer de su vida. Ella trabaja como un Tinder de carne y hueso: una casamentera que busca la pareja perfecta para sus clientes, en base a sus requisitos (dinero, altura, pelo, edad…). ¿Cuál es la gran contradicción en Lucy? Que, aun siendo una experta en citas, no tiene ninguna. Su visión materialista la llevó a alejarse de John (Chris Evans), su expareja, y la hace fijarse en Harry (Pedro Pascal), el prototipo de hombre adinerado, galán y romántico.

Aunque el lenguaje cinematográfico de Song parece adecuarse a las tendencias estéticas y narrativas de la comedia romántica comercial, se aprecia un deterioro de sus formas características. Cuando la cámara toma distancia con sus personajes durante las conversaciones y hace uso de la profundidad de campo, es sencillo reconocer a la autora de Vidas pasadas. ¿El resto del tiempo? Ni rastro. Este nuevo ensimismamiento formal no trae consigo ni decisiones de puesta en escena creativas, ni humor, ni mucho menos drama. Y esto, inevitablemente, nos remite a la escritura.
Enfrentarse a los personajes, conflictos y dilemas de Materialistas es, cuanto menos, una batalla mental y moral. En la superficie, solo vemos a una chica guapísima luciendo estilazo , incapaz de decidir con cuál de los dos hombres quedarse: el rico o el pobre. Pero cuando la miramos en detalle, el retrato resulta desconcertante, incluso desesperante. Su violenta ambigüedad moral excusa gran parte de la problemática de su discurso sobre el amor como un intercambio de bienes económicos. El mundo que representa –la visión que tiene la directora de la vida neoyorkina– no puede ser mejor posicionado: Lucy vive sola en un apartamento gigante en Manhattan, ganando 80.000 dólares; y John es supuestamente pobre (2.000 dólares en el banco, según sus propias palabras), pero tiene una buena habitación en una casa bien situada en la ciudad y coche propio. Quizá, si Song explorase estas contradicciones con algo de honestidad, no estaríamos hablando de esto.


La directora se dedica a decir una cosa y mostrar la contraria. Y viceversa. Un caos ideológico que busca reflejar una situación generacional, pero que termina diciendo entre poco y nada. Su discurso está tan mal estructurado y enunciado que uno acaba confundido ante tanta contradicción. Pienso, irremediablemente, en Anora de Sean Baker. Aquella película también hablaba de dinero y amor con mucha ambigüedad moral de por medio, pero incluso metiéndose en un terreno tan pantanoso como es el mundo de la prostitución, salía mucho mejor parada que Song en su comedia romántica.
Incluso si, por algún motivo, decidimos ignorar toda su problemática, nos encontramos ante la comedia romántica más incómoda de los últimos años. Es difícil esbozar una sonrisa cuando todo parece ir en contra de ser gracioso. La dirección de actores es terrible, y remite inevitablemente a cuando Dakota interpretaba a Anastasia en 50 sombras de Grey, sumado a unos diálogos y a un ritmo de montaje que los hacen imposibles de funcionar. Tan solo destaca Pedro Pascal y su personaje. Aunque quizá más el actor, que logra darse algo de profundidad. Lo más triste es que todo podría haber funcionado si no fuese por su directora, empeñada en hacer de la comedia romántica algo más “elevado”. Es lo único que explicaría su ritmo, sus imágenes desaturadas y la irrupción de graves temas dramáticos, tratados con una superficialidad tan alarmante como triste.

Materialistas se alza como una de las grandes decepciones del año, en la que nada termina de funcionar y todo acumula problemas. Porque, para explorar las contradicciones del amor desde una fórmula rompedora y original, mejor regresar a Langosta, de Yorgos Lanthimos.
«MATERIALISTAS», ESTRENO MAÑANA EN CINES.



Enrique Constans
Licenciado en cine documental por la ECAM, donde realizó varios cortometrajes en calidad de director, guionista y montador. Además, ha estudiado guion y crítica cinematográfica y dirigido y escrito varios cortometrajes. Actualmente se dedica tanto a la escritura de ficción como a la docencia de Historia del Cine en la UNED. Ha cubierto el 73.º y el 74.ºFestival Internacional de Cine de San Sebastián como prensa acreditada para mundoCine.
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