CRÍTICA (27FestivalMálaga): «Nina»
El viaje de la femme fatale.

Durante la década de los años 70, el mundo del cine vio como una nueva corriente estética inundaba las pantallas. Una corriente que partía de la identidad del cine negro clásico, pero que era consciente de la ausencia en el tratamiento de circunstancias modernas y la tecnología en dichas películas. Una corriente que propició la aparición del género neo-noir, y cuyos rasgos estilísticos emplea la directora Andrea Jaurrieta (Ana de día) para presentarnos esta Nina.
Una película que nos presenta a Nina (Patricia López Arnaiz), una joven que decide volver al pueblo costero que la vio crecer con un objetivo en mente: vengarse de quien en su momento le arruinó la vida. Un objetivo que pone en el punto de mira de la chica a Pedro (Darío Grandinetti), un famoso escritor al que el pueblo ahora le rinde homenaje nombrándolo pregonero de las fiestas. Sin embargo, el reencuentro con su lugar de origen y la interacción con su antiguo amigo Blas (Iñigo Aranburu), quien personifica los únicos recuerdos felices que le quedan, harán que se replantee su venganza.

Con el arquetipo de la ‘femme fatale’ en mente, Andrea Jaurrieta construye un thriller dramático con tintes del cine francés de finales de siglo pasado en su composición visual y estética. Una composición que se estructura entorno a planos cercanos que invitan al espectador a ser partícipe de esta historia que se le presenta de manera intrigante, potenciando el misterio sobre la identidad y pasado de esta mujer que copa la pantalla en las primeras secuencias. Secuencias cuya fotografía pálida y tétrica elaborada por Juli Carné Martorell (Ana de día) hace tomar forma corpórea a los fantasmas que persiguen a Nina.
Fantasmas de los que el espectador podrá conocer más a medida que el ritmo lento pero inexorable de la cinta hace avanzar una trama repleta de flashbacks que nos retrotraen a su pasado. Un pasado donde la inocencia perdida que acapara gran parte de la simbología visual todavía se mantenía intacta, y que tiene un tratamiento mucho más vívido y luminoso que el presente de Nina. Un contraste que se hace palpable gracias a la luz que llenan la escena y la interpretación de la joven Nina (Aina Picarolo), manteniendo siempre el estilo frio y tenso predominante.

Un ejercicio de dirección que toma prestado del cine de terror el horror visual para dibujar la figura del antagonista y lo macabro de sus actos. Antagonista cuya interacción con la joven cría se basa en la admiración que esta le tiene, pero que se va distorsionando a medida que la conexión entre ambos aumenta. Todo bajo una predictibilidad argumental en torno a las verdaderas intenciones del escritor para con la chica que permite añadirle dramatismo a una relación que el espectador puede vislumbrar como va a terminar.
Cercanía que se torna en distancia, dotando a la puesta en escena de un poder inmenso a la hora de generar tensión, y en la que el cazador se vuelve presa. Una tensión exacerbada por un montaje clarividente, cuya alternancia de planos nos dejan secuencias cargadas de simbolismo, siendo la más representativa la de la procesión. Un montaje que convierte a Nina en una cinta capaz de hablar sin articular palabra, pero donde la banda sonora compuesta por Zeltia Montes (El buen patrón) en momentos acapara un nivel dramático que las imágenes no son capaces de seguir.
Para coronar todo este efecto drástico y de tensión que relucen las imágenes, Patricia López (20.000 especies de abejas) nos deja una actuación acongojada que hace palpable la complejidad moral de este viaje hacia su conversión en una ‘femme fatale’. Una actuación complementada con la cercanía que transpira la interpretación de Iñigo (Diecisiete), y que actúa como un Pepito Grillo involuntario, y por la semblanza sería y tenebrosa que emite la de Darío Grandinetti (Relatos salvajes).

Por todo ello, Nina resulta en la mejor producción hasta la fecha de Andrea Jaurrieta como directora, construyendo una película capaz de hablar sin soltar palabra, aplicando de manera inteligente los elementos más estéticamente llamativos del cine neo-noir francés. Un thriller dramático introspectivo, en la que el espectador podrá vivir de primera mano este viaje hacia el empoderamiento femenino que recorre la protagonista.
«NINA», ESTRENO EN CINES EL 10 DE MAYO.



Mario Hernández
Cinéfilo granadino de la generación del 98, amante del cine independiente y las grandes sagas. Entusiasta de una buena sesión de peli y manta y graduado en Economía por la Universidad de Granada (UGR) con nivel C1 de inglés. Ha realizado el curso de Crítica de Cine en la Escuela de Escritores de Madrid y ha cubierto como prensa acreditada festivales como los de Málaga y San Sebastián y la San Diego-Cómic Con Málaga para mundoCine, además de entrevistar a personalidades de la talla de Salva Reina, José Mota, Jorge Sanz y Callum Kerr.
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