Crítica de ‘Noche de bodas 2’ (‘Ready or Not 2: Here I Come’): Samara Weaving, la eterna novia ensangrentada.

Carol J. Clover, una profesora de la Universidad de Princeton, fue la primera en clasificar a todas las mujeres supervivientes de las películas de terror de los setenta y ochenta. En 1992, en un estudio sobre el cine de terror moderno, las denominó final girls. Todas ellas, en su mayoría adolescentes, conseguían escapar de situaciones imposibles como las únicas supervivientes, ya fuera milagrosamente, como Sally Hardesty (La matanza de Texas), o a base de ingenio, como Nancy Thompson (Pesadilla en Elm Street).
Grace Le Domas (Samara Weaving) no es otra cosa que la final girl definitiva. Ya lo fue en 2019 con la primera entrega de Noche de bodas (Ready or Not), y lo revalida ahora en una secuela que llega siete años después, fuera de la ficción, y tan solo un par de horas tras los eventos de la primera película. Por suerte o por desgracia, ahora está acompañada por su hermana, Faith MacCaullay (Kathryn Newton), de la que lleva años distanciada y con la que se ve forzada a compartir y prolongar su estatus de final girl porque, en efecto, una vez más, están intentando cazarla.

La mala reputación de las secuelas, particularmente en las grandes franquicias, está más que fundamentada, y no es difícil para cualquiera pensar en más de un ejemplo. Por supuesto, hay excepciones y, pese al escepticismo con el que muchos la recibieron después de un tráiler que no parecía especialmente prometedor, Noche de bodas 2 es una de ellas.
En la primera entrega nos encontrábamos tan a oscuras y expectantes como la protagonista, que, con una buena dosis de mala leche, se iba enfrentando a la secta de suegros que la perseguía en una macabra versión del escondite. Esta segunda parte abre la puerta a una locura a mucha mayor escala y, consecuentemente, a un sinfín más de explosiones humanas.
Tras despertar esposada en el hospital, Grace descubre que sus problemas no han acabado con el oportuno enfado de Le Bail, el espectral patriarca que convirtió a sus suegros en bombas de sangre. El dúo Radio Silence (Tyler Gillett y Matt Bettinelli-Olpin) abre el encuadre para mostrarnos una dinastía de familias un tanto disfuncionales que mueven los hilos del mundo entero.

Los directores aprovechan que ya conocemos las reglas del juego para plantear una dinámica divertidísima como complemento a las normas del slasher tradicional. Estas llegan de la mano del abogado de las familias, un disfrutón Elijah Wood que actúa como un Tom Hagen satánico. De este modo, la trama queda condicionada por las normas de un gran libro que involucra activamente al espectador, haciéndole recordar las prohibiciones y los vacíos legales que dictan cada movimiento de los personajes, lo que desemboca en una pelea tan física como estratégica.
Bettinelli-Olpin y Gillett son incuestionables expertos en la herencia del slasher clásico y también responsables de su modernización, algo que ya dejaron patente con la gran bienvenida a la vuelta de Scream en 2022. Su envidiable habilidad para inyectar energía a los elementos desvaídos y exprimir aquellos que ya funcionaban se mantiene intacta en la secuela, con secuencias al son de Total Eclipse of the Heart que resultan desternillantes y gore a partes iguales, llevando al extremo los elementos que ya intuimos en la primera parte.

Su final girl y scream queen, Samara Weaving, se corona oficialmente como la reina del terror tras su paso por The Babysitter y Azrael, dejando claro que ninguna otra actriz grita como ella. Sin embargo, su actuación deja un regusto agridulce al pensar en lo que podría haber sido su rol protagónico en Scream, para el cual los directores la barajaron, pero que finalmente quedó reducido a un cameo.

El amor por el slasher noventero plaga la película de referencias y nostalgia. Si en la primera parte contábamos con Andie MacDowell como matriarca, ahora se incorpora Sarah Michelle Gellar como Ursula Danforth. Si hemos llamado a Weaving la reina del terror, esto solo ha sido posible gracias a Gellar, que personifica a la it girl del género con su paso por Buffy, cazavampiros, Scream 2 o Sé lo que hicisteis el último verano. Pero no es la única estrella de la cinta, ni la primera que con su sola presencia nos traslada al cine de los noventa, y es que su padre en la ficción no es ni más ni menos que David Cronenberg, el legendario director de La mosca o Crash.

Aun teniendo en cuenta sus puntos flojos –como una relación fraternal entre Grace y Faith que, pese al esfuerzo de los guionistas, no termina de ir a ningún lado interesante, o una familia española que es de todos lados menos de la península–, Noche de bodas 2 es una secuela más que digna de su predecesora. Es tan creativa, delirante, absurda y sangrienta que, cuando veas a Elijah Wood abstenerse de pelear por un anillo por primera vez en su carrera actoral, te preguntarás si no es, incluso, mejor que la primera.
«NOCHE DE BODAS 2», YA EN CINES.


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