CRÍTICA: «Perfect Days»
La romantización de lo anodino.

El budismo, junto con el catolicismo, el hinduismo, y el islam, es una de las religiones más grandes y practicadas del mundo. Una religión que, a diferencia de las otras tres enumeradas, es considerada “no teísta”, ya que sus practicantes no siguen a ninguna deidad. Una religión fundamentada en una serie de doctrinas filosóficas y espirituales que busca la liberación del sufrimiento y del alma, mostrando un desapego a lo mundano y artificial que reina en el día a día actual de muchísimas personas. Un desapego centrado en la búsqueda interior, el disfrute de los pequeños momentos del día a día, y la conexión con el resto de seres con los que nos relacionamos en nuestra vida cotidiana, el cuál practica religiosamente (nunca mejor dicho) Hirayama (Kôji Yakusho), el protagonista de esta “Perfect Days”.
Un señor que se muestra plenamente satisfecho con su sencilla y humilde vida de limpiador de retretes en Tokio, sabiendo disfrutar plenamente de su pasión por la música y los libros. Una estructurada vida rutinaria en la que tiene una serie de encuentros con distintas personas de su presente y de su pasado, de los cuales sabrá sacar el lado más positivo y humano.

Una figura, la de Hirayama, que conforma la personificación de la filosofía budista en nuestros días, y al que el guion coescrito por Takuma Takasaki (“Honokaa Boy”) y Wim Wenders (“París, Texas”), somete a un día a día que se repite en bucle, donde apenas hay diálogos entre los integrantes de esta historia, pero en el que el cambio de pequeños momentos y encuentros que vive el personaje buscan enfatizar de manera narrativa el hecho de que la felicidad reside en los pequeños momentos, romantizando la cotidianidad anodinia y analógica que vive Hirayama. Una romantización a nivel narrativo sumamente descriptiva, que también se plasma en la dirección sentida e intimista del alemán Wim Wenders, capaz de transmitir la esencia costumbrista de la historia, imprimiendo un ritmo lento y pausado durante los 124 minutos de metraje.
Tanto la puesta en escena minimalista, como la escenografía sobria empleada por Wenders, reflejan de manera visual la austeridad en la que es feliz Hirayama. Una felicidad que se vislumbra continuamente a base de planos cortos que buscan escudriñar y empatizar con las emociones que transmite el personaje interpretado por Kòji Yakusho (“Memorias de una Geisha”), sirviendo como lección de vida pseudoeducativa al espectador.

Un espectador capaz de percibir como la fotografía apagada y fría de Franz Lusting (“El día que vendrá”) refuerza ese pauperismo y humildad que rezuman los apartados narrativos y directorales de “Perfect Days”, haciendo que todas las claves estéticas se dispongan a la perfección para hacer tangible este significado implícito sobre la búsqueda del placer en los pequeños detalles del día a día.
Un placer que Yakusho es capaz de reflejar a las mil maravillas con su interpretación del personaje principal, siendo capaz de transmitir el estado de nirvana (casi) permanente en el que vive Hirayama sin necesidad de pronunciar palabra en la mayoría del tiempo que pasa en escena. Una actuación gestual acorde con el tratamiento intimista y reflexivo del que dota Wenders a la representante japonesa en la próxima edición de los premios Oscars, y que ya fue merecedora del Premio a Mejor Actor en la 76ª edición del Festival de Cannes.

En definitiva, “Perfect Days” supone un relato intimista sobre la búsqueda de la felicidad analógica y costumbrista, que sirve como reflexión filosófica sobre lo que realmente es importante hoy en día. Un viaje en clave budista a lo largo de una serie de días perfectos que vive Hirayama, que ponen en valor las relaciones humanas, transpirando plano a plano cierta fe en la humanidad.
“PERFECT DAYS”, YA EN CINES.



Mario Hernández
Cinéfilo granadino de la generación del 98, amante del cine independiente y las grandes sagas. Entusiasta de una buena sesión de peli y manta y graduado en Economía por la Universidad de Granada (UGR) con nivel C1 de inglés. Ha realizado el curso de Crítica de Cine en la Escuela de Escritores de Madrid y ha cubierto como prensa acreditada festivales como los de Málaga y San Sebastián y la San Diego-Cómic Con Málaga para mundoCine, además de entrevistar a personalidades de la talla de Salva Reina, José Mota, Jorge Sanz y Callum Kerr.
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