Crítica de ‘Renoir’: Cuando alguien muere, ¿lloramos por él o por el vacío que deja en nosotros?

Pueden resultar diversas las cuestiones que encierran a la creación artística: ¿dónde nace la primera pulsión? ¿Dónde salta la arritmia que delata ese pulso en la obra? En las películas, ocurre que en un plano o en una frase queda revelada la emoción primigenia que movilizó su propia existencia. En Renoir, estrenada en el Festival de Cannes 2025, Chie Hayakawa se delata de diversas formas.
Esa revelación surge, en primera instancia, a través de la mirada de la protagonista del film, Fuki (Yui Suzuki), una niña de 11 años que convive con la enfermedad y la soledad, pues su padre tiene cáncer terminal y su madre, Utako (Hikari Ishida), debe sostener el hogar mediante un trabajo que va mermando su salud mental. En una redacción del colegio, Fuki escribe: «Cuando alguien muere, ¿lloramos por él o por el vacío que deja en nosotros?».
Una segunda vía de expresión se produce en una escena del hospital en la que Fuki observa algunas obras de arte, deteniéndose en el Retrato de Irène Cahen d’Anvers, del pintor impresionista Pierre-Auguste Renoir.

Es aquí donde la película se muestra frente al espejo de su creadora: un cuestionamiento que sintetiza las preocupaciones de la directora japonesa , quien habla a través de Fuki sobre su propia infancia. Mediante recursos que imprimen a la cinta un tono costumbrista y luminoso, la cineasta logra que, incluso entre la tristeza y la inquietud que atraviesan el relato, la obra dialogue con El retrato de Renoir, de quien además coge el nombre para la película.

Así, la puesta en escena se sostiene sobre una notable depuración formal. Hayakawa retrata, a través de lo cotidiano, las distintas maneras en que la violencia sistémica se cuela en el núcleo familiar y lo articula desde el punto de vista de la infancia de Fuki. La inquietud irrumpe en la imaginación de la niña en su búsqueda por encontrar imágenes y palabras capaces de encarnar todo ese malestar emocional que la atraviesa y que rara vez expresa en voz alta, del mismo modo que el propio film reverbera con la experiencia de su creadora.

De la misma manera que en su ópera prima, Plan 75, en la que reflexionaba sobre el lugar que ocupan los ancianos en la sociedad, aquí Hayakawa dirige su mirada hacia el otro extremo: la infancia, un territorio igualmente atravesado por la violencia y la soledad. En esa observación atenta, se cifra también una reflexión mayor: la niñez no aparece como refugio de inocencia, sino como una conciencia temprana que aprende a convivir con la enfermedad, la pérdida y la incertidumbre.

Fuki observa, escucha y pregunta, y en ese gesto la directora parece sugerir que crecer consiste en descubrir que la ausencia también moldea la memoria, mientras el arte, como en el retrato de Renoir, ofrece una forma de belleza desde la cual intentar nombrar lo irreparable.

En definitiva, Renoir es una obra sensible y precisa sobre la experiencia temprana del dolor. Chie Hayakawa, a través de los códigos del coming of age, y sin caer en la idealización ni en la lágrima fácil, construye en Fuki una conciencia que intenta comprender la enfermedad, la fragilidad del entorno familiar y la pérdida. Con una puesta en escena contenida y luminosa, la directora transforma lo cotidiano en un espacio de resonancia emocional donde el arte y la memoria emergen como formas posibles de nombrar aquello que duele.
«RENOIR», YA EN CINES.



Andrea González
Graduada en el Máster de Crítica Cinematográfica en la ECAM y amante del cine social, con referentes como Alice Rohrwacher, Sandra Romero y Carla Simón. Ha asistido a festivales como Cannes y la SEMINCI. Fiel defensora de que la crítica es una herramienta para traer nuevas miradas al cine y a la sociedad.
Sigue leyendo...

El palmarés de la Seminci 2026: ‘Dao’, de Alain Gomis, se lleva la Espiga de Oro con la historia de una boda en Francia y un funeral en Guinea-Bisáu.

El Festival de Sevilla 2026 pone a la venta sus entradas, y estas son las 15 películas que no te puedes perder, de la Palma de Oro ‘Fjord’ a la Carmen más animada.

Crítica de ‘Matar a un oso’: Los hermanos Sánchez-Cabezudo reescriben las reglas del thriller español con una historia que va mucho más allá del crimen.

Crítica de ‘Wildwood: El bosque salvaje’: La película del año se construye como una obra atemporal que habla tanto de la artesanía en sí como de sus propios temas.

Thierry Frémaux recibirá el Giraldillo de Honor en el Festival de Sevilla 2026.

Sandra Sánchez, cuya historia llega al cine con ‘Karateka’: «La mente te dice que no mucho antes de lo que de verdad el cuerpo puede soportar».

Crítica de ‘Karateka’: El admirable blockbuster sobre una Indiana Jones de Talavera de la Reina.

Javier Giner, director de ‘Esta soledad’: «'Yo, adicto' era yo en un festival de música; 'Esta soledad' soy yo un domingo en casa».

Crítica de ‘Esta soledad’: Una relación desde sus ausencias.
![Crítica de ‘Cartas de Estado’ (‘Yellow Letters’) [71Seminci]: Precisa disección de la represión política como dinamita familiar.](/uploads/2026/10/cartas-del-estado-yellow-letters-2026-critica.webp)
