Crítica de ‘Scream 7’: Requiem por la saga Scream.

La saga Scream, creada por Kevin Williamson y con el ya fallecido Wes Craven al frente de la dirección de las cuatro primeras películas, se encuentra en estado crítico. Lo que en el año 1996 no solo fue una película de terror juvenil con referencias meta cinematográficas y un prometedor plantel de actores, sino también una renovación total del subgénero slasher, ahora está agonizando y pidiendo su final.
Scream es una franquicia de por sí posmoderna y revisionista. La cinta seminal puede ser entendida como una sátira del slasher de los años setenta, ochenta y noventa (alejándose, por supuesto, del tono de parodia de Scary Movie), abrazando los clichés para reírse de ellos con descaro, pero no por eso deja de ser una más que decente película de asesinos en serie enmascarados.
Lo mismo sucede en las secuelas, aunque en menor medida, pues el tándem Craven-Williamson siempre supo legitimar la existencia de sus continuaciones con unos lugares comunes que han ido renovándose a lo largo del siglo XXI. Pese a no alcanzar nunca el nivel de inventiva textual y audiovisual de la primera entrega, conformaron una filmografía admirable y sumamente divertida para los amantes del género.

El dúo de realizadores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett (Radio Silence) heredó el testigo en las entregas quinta y sexta, siendo la primera de ellas un reboot en toda regla, con un reparto renovado, un par de personajes antiguos y nuevos estándares del género y la industria. El resultado fue sorprendente y gratificante en ambas ocasiones (por algo son los directores de la entretenidísima Ready or Not).
¿Qué sucede entonces con esta Scream 7? Muchas cosas, empezando por que se trata de la peor película de la saga, con Kevin Williamson, padre de la criatura, asumiendo la escritura y dirección junto a Guy Busick, colaborador habitual de Olpin y Gillett, para devolver al foco protagonista a Sidney Prescott (Neve Campbell).
Sidney, ahora madre de una adolescente, Tatum (Isabel May) –que tiene la misma edad que tenía ella cuando fue atacada por primera vez en el 96–, ve cómo la historia se repite: un nuevo Ghostface amenaza con acabar con ella y su familia, con la diferencia de que esta vez revela su identidad desde el principio (ahí lo dejamos).

El largometraje recupera viejas glorias, incluyendo al primero de los Ghostface, Stu Macher (Matthew Lillard), y Sidney se suma al estereotipo de la scream queen veterana como una mujer adulta, traumatizada y protectora con su hija, como lo era Jamie Lee Curtis en el reboot de Halloween de 2018. Asimismo, regresa Gale Weathers (Courteney Cox), después de que la viésemos ser brutalmente atacada en Scream VI. Más allá de este ejercicio de nostalgia, la película sigue la tradición de presentar a un nuevo plantel de actores jóvenes, matar a la mayoría y dejar a alguno vivo de cara a futuras entregas.
No obstante, nada de lo anterior la convierte en la peor entrega de la saga. Se trata más bien del uso que se hace de todos estos personajes. Sidney carece de una evolución tan rica e interesante como la de Laurie Strode de Halloween; al contrario, su arco permanece igual que en Scream 4. Los guionistas no saben, o no quieren, liquidar a las viejas glorias, ya que su única arma para generar interés es el fanservice, mientras que los nuevos personajes componen un pequeño grupo definido con un par de rasgos sin desarrollar que sirven para rellenar metraje con sus muertes, sin que el elenco logre insuflar vida a estos.

El propósito de la película es volver a los orígenes de forma tremendamente conservadora a través de las nuevas tecnologías, ya sean videollamadas, deep fakes o la IA. Aunque esta interesante idea abre la puerta a hacer una crítica sobre el uso de estas tecnologías en el cine, se queda en el aire por una falta de profundidad. Esto es un gran fracaso para la saga Scream, pues la franquicia siempre ha sabido plasmar una reflexión sobre el estado actual del subgénero del slasher. En esta ocasión, ignoran su propia razón de ser.

Como película de suspense, el resultado es desastroso, con todos los encuentros con Ghostface siguiendo el mismo patrón: primero, se oye un movimiento lejano y la escena queda en silencio; después, se apagan las luces y entra en juego la música de tensión; a continuación, Ghostface aparece entre las sombras, acecha a su víctima, falla el primer ataque y se produce una persecución; y finalmente, ataca de nuevo y mata. Esta estructura puede funcionar una vez, pero se repite hasta la saciedad sin ninguna variación y sin ningún atisbo de autoconsciencia.
Scream 7 se siente genérica, descuidada, poco creativa y desubicada, fruto del guion, por supuesto, pero también de la dirección. No es que el dúo de las entregas anteriores fueran unos narradores increíbles, pero sabían muy bien cómo tratar el material que tenían entre manos, creando set-pieces con gracia y sorprendiendo al espectador con dos o tres recursos bien empleados. En cambio, aquí nada funciona, más allá de un par de homenajes a películas mejores que esta.
Por si fuera poco, todo lo relacionado con la producción de esta película deja mucho que desear. Por desgracia, hay factores que trascienden lo cinematográfico y que, de alguna manera, han afectado a la vida de esta secuela y, posiblemente, a la de la saga, por ejemplo, el despido de la Melissa Barrera por posicionarse a favor de Palestina en el genocidio de Gaza; el abandono de Jenna Ortega y los directores; y las prisas del estudio por rodar la película para cumplir con su calendario.

En definitiva, Scream 7 es una mala película y una mala secuela, pero estaba condenada antes incluso de que pudiéramos certificarlo.
«SCREAM 7», ESTRENO HOY EN CINES.



Enrique Constans
Licenciado en cine documental por la ECAM, donde realizó varios cortometrajes en calidad de director, guionista y montador. Además, ha estudiado guion y crítica cinematográfica y dirigido y escrito varios cortometrajes. Actualmente se dedica tanto a la escritura de ficción como a la docencia de Historia del Cine en la UNED. Ha cubierto el 73.º y el 74.ºFestival Internacional de Cine de San Sebastián como prensa acreditada para mundoCine.
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