Crítica de ‘Send Help’ (‘Enviad ayuda’): ¡Sam Raimi está de vuelta!

Han pasado casi 40 años desde que Sam Raimi se hiciese un hueco en la industria con su peculiar estilo de películas series B en las que combinaba el terror más visceral, el humor negro y la sátira, convirtiéndose durante la década de los 80 y 90 en un soplo de aire fresco para el género.
En el S.XXI, salvo Drag Me to Hell (2009), película que dirige, escribe y produce, no ha sido tan prolífico en la faceta de director como sí en la de productor, donde cuenta con un buen puñado de obras. En los albores del siglo, el director de bajo presupuesto pasó a ser el encargado de trasladar a la gran pantalla al Spider-Man de Tobey Maguire, manejando millonadas sin perder su frescura estilística e iniciando el camino del cine superheróico que muestra síntomas de fatiga en esta década de los 20. Precisamente, en 2022, Raimi dirigió su (pen)última película al ponerse a los mandos de Marvel en Doctor Strange en el multiverso de la locura.
Es, por todo ello, una gran noticia –y gratísima sorpresa– que el cineasta de Michigan vuelva por sus fueros más excesivos y tropos propios del género en su nueva película estrenada en 2026: Send Help (Enviad ayuda).
¿A quién te llevarías a una isla desierta? La subversión malintencionada a la estereotipada pregunta sirve para generar el planteamiento de la película, en la que Linda, tan productiva como invisible para su entorno laboral, sufre las consecuencias del machismo, la jerarquía de clases y el enchufismo que argamasan el techo profesional que impide un prometido ascenso tras años y años de duro trabajo.

La llegada a la presidencia de la empresa de un imbécil de manual cuyo mayor mérito –y ni siquiera es suyo– es el de nacer en el lugar adecuado, confirma sus peores presagios: no tiene ni la edad ni el escote suficiente que el nuevo gestor exige para su entorno cercano. Pese a ello, como buen inepto que no sabe hacer gran cosa, la lleva consigo a Tailandia para refrendar la fusión estratégica con una empresa del sudeste asiático.
El todopoderoso Raimi decide dar la vuelta al tablero de juego provocando el accidente del avión privado en el que mueren todos sus pasajeros salvo Linda y el nuevo mandamás de la empresa, que quedan varados en una isla desierta donde la formación en supervivencia de la mujer, basada en realities televisivos, la convierten en la reina de la selva frente al, más inútil todavía, de su jefe.

La estructura de la película es sencilla y el guion, lleno de clichés desde el prólogo de la misma. Cualquier espectador puede definir, antes de entrar, a cada uno de los personajes que conforman esta oficina, y en la que el personaje protagonizado por Rachel McAdams (El diario de Noa) es el bicho raro; tan repelente para sus moralmente superiores compañeros como imprescindible para el crecimiento de la empresa. En el primer acto, las burlas y momentos vergonzantes –mostrados en plano detalle–, tanto de sus compañeros como de su nuevo jefe, denigran a una mujer físicamente introspectiva, tímida y con una consciencia propia, por parte del director, de mostrarla fea.
El giro de los acontecimientos lo provoca el detonante dramático de la película, un accidente de avión que combina los efectos prácticos con los efectos visuales, que funcionan, y que, cuando no lo hacen, son suplidos por la pericia de Raimi para convertir la situación trágica en un gag cómico con mucha sangre, vísceras y algún que otro jumpscare, incluido.

Ni el guion ni la propuesta de la película avanzan o profundizan más allá de las características que, hasta ahora, habían conformado Send Help. El empoderamiento total de la mujer sobre el hombre en la isla y el cambio de roles respecto de la civilización a la selva será un constante hasta el final de la película, apostando para elevar la propuesta en el diseño de producción –cumplen con creces para la plausibilidad del espectador los entornos exteriores de Australia y Tailandia donde se rodó la película–, la química entre sus dos protagonistas, absolutamente entregados, y la maravillosa banda sonora a cargo de Danny Elfman (La novia cadáver), que consigue dar un aura de fábula negra a la historia de supervivencia que visualmente no parecía poder alcanzar.

Rachel McAdams está absolutamente desatada. Su arco de personaje y el de la trama van parejos, y logra alcanzar registros muy diferentes, tanto en la película como en contraste con su propia carrera. Desde la vis cómica, el gag físico y el magnetismo en cámara –que siempre tuvo–, es la reina de la película. Una vez está en la selva, Raimi la muestra absolutamente bella y salvaje, como valquiria, a ratos princesa Disney y, sobre todo, anti heroína con la que empatizar, aun cruzando una serie de líneas rojas.
Dylan O’Brien (El corredor del laberinto, Twinless), el estereotípico jefe, se desempeña bien en la comedia negra y es solvente en un papel con menos aristas, como saco de boxeo para recibir los golpes –merecidos– y torturas a las que somete Linda como consecuencia de sus actos.

Sam Raimi ofrece un espectáculo de puro entretenimiento con un desequilibrio perfecto entre humor negro, gore y crítica social al machismo y clasismo sistémico en la sociedad donde no todo funciona –ni lo necesita– para celebrar la vuelta de un autor desenfrenado que da un soplo de aire fresco a los estrenos de la semana.
«SEND HELP» («ENVIAD AYUDA»), ESTRENO MAÑANA EN CINES.



Jesús Casas
Curioso cultural y ávido consumidor de cine clásico. Ha cubierto el Festival de Cannes 2026 como prensa acreditada para mundoCine y ha entrevistado a personalidades de la talla de Rodrigo Sorogoyen, Rodrigo Cortés, Álvaro Cervantes, Alba Flores o Sam Reid. También ha cubierto eventos desde la Academia de Cine y galas de premios como las Medallas CEC y los Días de Cine.
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