Crítica de ‘Ungrateful Beings’ [73SSIFF]: No todas las playas son buenas para veranear.

Suceden cosas realmente extrañas durante el visionado de Ungrateful Beings, dirigida por Olmo Omerzu (Winter Flies) y presentada en la Sección Oficial de la 73.ª edición del Festival de San Sebastián. La sala rompe el silencio con risas incómodas. La gente intercambia miradas de desconcierto, de burla o incluso de aburrimiento. Pero nada es más extraño que la propia película.
Recapitulemos. Olmo Omerzu, director esloveno, firma este drama familiar que combina diferentes géneros y subgéneros. Al inicio, la película es un coming of age enfocado en Klára, una adolescente que lucha contra la anorexia. La joven está de vacaciones en el mar Adriático junto con su padre, David, y su hermano menor. Ella no come ni se divierte, a pesar de los esfuerzos de su padre, que está en proceso de separarse de su mujer y madre de los jóvenes. Todo cambia cuando Klára conoce a Denis, un chico local de gran confianza. Y entonces, Klára empieza a comer.
![Crítica de ‘The Fence’ (‘Le Cri des Gardes’) [73SSIFF]: Teatralidad, sombras y colonialismo.](/uploads/2025/09/the-fence-2025.webp)

El punto de vista está compartido entre Klára, quien vive una pequeña historia de amor con Denis, y David, que no está del todo de acuerdo con el noviazgo, pero que, a su vez, ve lo bien que le está haciendo a su hija. Sin embargo, llega un momento en que la “estabilidad” se rompe: David es acusado del asesinato de su padre y se ve obligado a llevarse a Klára de allí. En ese instante, la película abandona el coming of age. ¿Se mete en el thriller? Sí, durante unos escasos dos minutos. Después se sumerge en el drama de hospitales. Más tarde, en la comedia. Y finalmente, en un híbrido poco claro entre todos.
Ungrateful Beings sufre de un desbarajuste tonal sin precedentes. De primeras, el coming of age funciona gracias a una poderosa localización veraniega. Hay cierto mimo en los espacios, en la atmósfera y en el proceso de unión entre los jóvenes. Pero también hay bastante torpeza: sucesos absurdos (toda la sección del nudismo) o semillas plantadas en el guion que terminan por ser insignificantes (la toalla que podría involucrar al padre en el asesinato y que, sin embargo, no conduce a ningún sitio). Todo lo que parece estar funcionando se viene abajo al abandonar la playa.
El guion se convierte en un disparate, tanto a nivel de historia y argumento como de tono. El cineasta se atreve a tratar un tema tan sensible como la anorexia, tanto en la primera parte como en el resto de la cinta, con una frivolidad aplastante, rodado como si se tratase de un telegrama. Klára no come. Conoce a Denis. Empieza a comer. Se separa de Denis. Deja de comer. Recibe mensajes de Denis. Vuelve a comer. ¿Dónde está la sensibilidad y la documentación de la que el cineasta hace gala en sus entrevistas? Solo se percibe irresponsabilidad, o incluso una preocupante falta de interés en retratar fielmente aquello que se representa en pantalla. Pero los problemas no acaban aquí.

De pronto, el drama de hospital (con incesantes subrayados dramáticos, como esa secuencia en la que, a través de un ventanal, vemos a una joven siendo reanimada por el personal médico) se transforma en la comedia francesa del año. Los padres, ahora unidos para “ayudar” a su hija, inician una dinámica en la que fingen ser Denis para que ella vuelva a comer. Hacen sexting con una niña de 17 años. Y esto, por absurdo que parezca, está llevado con la misma comicidad que el resto de la película. Ninguna.
Es difícil tomarse en serio nada de lo que ocurre, sobre todo cuando las formas no acompañan un posible tratamiento irónico, satírico o incluso alocado. Pero las formas permanecen igual de serias, serenas, anodinas. Planas. Tan solo cuando el cineasta utiliza tomas de la playa (los lugares en los que Klára y Denis pasaron tiempo juntos) como fondo para las conversaciones de texto que ella mantiene con sus dos padres, parece haber algo. Parece una decisión, ya no digo interesante, pero sí con intencionalidad. Sin embargo, estos retazos de cine no logran remontar una película que se dirige al desastre, cuesta abajo y sin frenos.
![Crítica de ‘Los Domingos’ [73SSIFF]: Alauda Ruiz de Azúa. Amén.](/uploads/2025/09/los-domingos-alauda.webp)

La película quiere abrir una conversación sobre hasta dónde están dispuestos los padres a ayudar a sus hijos. Incluso a entenderlos. Realmente la película habla de hasta dónde están dispuestos los directores de cine europeo a lanzar sermones sobre el buenismo y “estos jóvenes de hoy en día” para ganar premios. Ungrateful Beings, a pesar de algunas virtudes aisladas, no merece en absoluto la pena ni el tiempo de nadie.
«UNGRATEFUL BEINGS» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN.



Enrique Constans
Licenciado en cine documental por la ECAM, donde realizó varios cortometrajes en calidad de director, guionista y montador. Además, ha estudiado guion y crítica cinematográfica y dirigido y escrito varios cortometrajes. Actualmente se dedica tanto a la escritura de ficción como a la docencia de Historia del Cine en la UNED. Ha cubierto el 73.º y el 74.ºFestival Internacional de Cine de San Sebastián como prensa acreditada para mundoCine.
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