CRÍTICA: «Valle de Sombras»
Un viaje de superación y arrepentimiento.

En el año 2020, el director español Salvador Calvo ganó el premio Goya al mejor director por su película “Adú”, que despertó muchas expectativas de cara a su futuro. Ahora, cuatro años después, estrena su nuevo gran proyecto, “Valle de Sombras”, ambientada en la India, país que el propio director cuenta que visitaron en más de una ocasión para lograr la mayor autenticidad posible en la película.
“Valle de Sombras” nos sitúa en la Cordillera del Himalaya en el año 1999. En el norte de la India, Quique, Clara y el pequeño Lucas disfrutan juntos de sus primeras vacaciones. Pero una noche, durmiendo a la intemperie durante una tormenta, son brutalmente atacados por unos bandidos. Horas después, Quique es rescatado por un nativo y trasladado a una remota aldea aislada en las montañas. Allí, incomunicado y sin posibilidad de regresar a la civilización, deberá permanecer hasta la llegada del invierno, que permite la formación de la única vía de salida de la aldea: el río helado. El camino de vuelta, lleno de peligros, en compañía de varios niños de la aldea, pondrá a prueba todo lo que Quique ha aprendido durante su estancia en el corazón del Himalaya.

La película comienza de manera directa, introduciéndonos en la historia con la llegada de un joven llamado Quique a una comisaría para denunciar un crimen. Esta estrategia narrativa engancha al espectador desde el primer momento, generando un interés inmediato por conocer más detalles de la trama. Conforme se desarrolla todo el primer acto la película toma su tiempo para conocer a los personajes; una familia que ha decidido viajar hasta el valle de Kullu con el objetivo de desconectar y pasar más tiempo juntos. De esta manera, observar la evolución de estos personajes no solo nos permite conectar con ellos sino también compartir sus vivencias y sufrimientos. Y, por su parte, Miguel Herrán en el papel de Quique, el protagonista de la historia, demuestra ser uno de los actores más destacados de nuestro país, arriesgándose una vez más con un papel muy diferente. En “Valle de Sombras” lo vemos sufrir y superarse en los peores momentos, presentando un desafío personal que resalta su versatilidad actoral.
Por otro lado, el director de fotografía Álex Catalán (“La Isla Mínima”, “Mientras Dure la Guerra”) nos brinda una vez más unas imágenes y una fotografía absolutamente atrapantes. Gracias a su colaboración con el cineasta Salvador Calvo, la inmersión en los impresionantes paisajes del Himalaya es absoluta. Como ya hizo en sus anteriores trabajos, el director es experto en crear grandes puestas en escenas con el objetivo de establecer una conexión más profunda con la película.

La película se esfuerza notablemente por narrar de la mejor manera posible todas las costumbres y tradiciones presentes en esos lugares. Este esfuerzo se refleja no solo en las localizaciones, sino también en los propios personajes, la mayoría de los cuales son personas reales, aportando una autenticidad única a la trama.
Al margen de todo esto, “Valle de Sombras” se presenta como una película con un ritmo pausado, dedicando tiempo a la construcción meticulosa de su personaje principal. Sin embargo, esta elección puede resultar tediosa en algunos momentos, sobre todo durante su segundo acto. Además, la película parece no tener una dirección clara en cuanto al género, iniciando con elementos de thriller para eventualmente transformarse en un drama de superación, haciendo que el espectador se sienta algo desconcertado en un primer momento.

Como conclusión, “Valle de Sombras” es sin duda un viaje un viaje fascinante que vale la pena emprender. Una historia de superación respaldada por un destacado desempeño técnico y acompañada de impactantes imágenes y paisajes. A pesar de su ritmo pausado, que en ocasiones puede resultar monótono, la película indudablemente merece la pena ser vista.
“VALLE DE SOMBRAS», YA EN CINES.


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