Crítica de ‘Will You Still Be My Friend’ (‘Ri guang’) [74SSIFF]: De una sensibilidad cinematográfica inusitada en una ópera prima.

El impulso de las leyes de transición ecológica para combatir el cambio climático, sustituir las energías fósiles por otras renovables o adaptar la economía de un territorio hacia una más sostenible ha encontrado varios obstáculos a la hora de instaurarse, sobre todo en zonas rurales y agrarias, donde su aplicación altera el ecosistema propio del lugar y de sus habitantes. No solo la contaminación y la recalificación del suelo fértil para transformarlo en campos eólicos o solares han impactado en la vida local, sino también los intereses económicos ligados a esta expropiación de terrenos con apoyo público, que ha generado graves conflictos internos en comunidades rurales alejadas de las grandes ciudades.
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Al igual que Ryusuke Hamaguchi hizo en 2023 con su vindicativa Evil Does Not Exist (2023), en la que abordaba la amenaza del impacto ambiental del turismo sostenible en un pueblo de actividad económica primaria, el debutante Lu Po-Shun contextualiza su primer largometraje en un conflicto similar que vive una comunidad rural de Taiwán ante la explotación de latifundios como parques solares. El enfoque del taiwanés, en cambio, se centra en el punto más vulnerable e ingenuo de la comunidad, los niños, que son los receptores indirectos del conflicto entre los lugareños y los empresarios venidos de Singapur en Will You Still Be My Friend (Ri guang).
En pleno conflicto de intereses entre ambas partes, aparece la relación entre dos preadolescentes de edad similar. Uno de ellos, Jun, es hijo del matrimonio singapurense que llega a Taiwán para instalar paneles solares y convencer a la población local de que ceda sus territorios a cambio de dinero. Jasper, por otro lado, es el nieto de la figura de mando de la localidad, algo así como un alcalde. Entre ambos nace una amistad que surge de la conveniencia de apartar a los niños de los asuntos de la adultez, pero poco a poco los lazos entre estos dos personajes de orígenes y estatus tan distintos se irán fortaleciendo, a pesar de la permeabilidad del conflicto local en su amistad.

Sobresale, por inusitada, la sensibilidad y el equilibrio con que Lu Po-Shun enfoca esta historia de amistad, que se desarrolla en tres subplanos narrativos que se intercalan de forma coherente a lo largo de su ajustado metraje. Por un lado, el marco referencial, protagonizado por el conflicto entre los responsables industriales y los lugareños que se oponen a la cesión de sus parcelas. Por el otro, el núcleo de amigos de la comunidad, al que pertenece Jasper como líder del grupo y del que Jun es rechazado por ser diferente, hablar otro dialecto y mostrar una personalidad denodadamente sensible para un niño de su edad. Es en este último plano donde se entrelazan todas las disputas de los dos niveles superiores. Jun y Jasper son dueños de sus sentimientos, pero no de sus decisiones, que se verán afectadas por las relaciones de conveniencia económica o social en las que se encuentran los adultos en cada momento de la película.
Para centrar la mirada en la construcción orgánica de esta peculiar amistad, no se puede obviar el carácter geográfico de cada uno de ellos y del tablero donde se narra la historia: Taiwán. Por diferentes razones, ni Jun ni Jasper tienen un sentido de pertenencia al lugar, algo que sirve como contraste y también como punto de enlace. Jun es un chico abstraído que viaja con sus padres de forma nómada allá donde les lleve el negocio de las placas solares. Jasper, en cambio, convive con unos abuelos que ejercen de figura paterna ante la ausencia no definida de sus padres. La indefinida identidad y el destino de cada uno son otros de los elementos que los unen como dos personajes diferentes entre iguales.

La construcción física y simbólica es otra de las herramientas visuales y expresivas con las que destaca el debutante cineasta taiwanés. Como ejemplo de lo que se puede incorporar en cualquier sociedad de nuestro siglo, estos dos muchachos, con actitudes, aptitudes y emociones dispares, construyen su amistad a través de la empatía y el lugar común con el otro. No solo forjan un lazo emocional, sino que también buscan y construyen un espacio físico a su imagen y semejanza, convirtiendo una caseta en ruinas junto a un lago en un refugio de afecto que les sirve de escudo ante los conflictos adultos que amenazan su propia adolescencia. Es en los momentos íntimos donde Lu Po-Shun esconde las emociones más fuertes e indefinidas de sus protagonistas. La mirada del plano detalle de las manos entrelazadas de ambos esconde toda una identidad sexual por definir que la cinta, con acierto, nunca subraya ni llega a hacer explícita.

Es probable que la resolución del drama entre los personajes no se ajuste a la emoción que habían construido entre ellos, interpretados con un asombroso realismo por los jóvenes Aloysius Looi y Jaden Wang como Jasper y Jun, respectivamente, y que resulte algo más precipitada que el tiento con el que la historia se ha ido construyendo ante los ojos del espectador. No obstante, si los protagonistas de Will You Still Be My Friend son ejemplo de algo, es de saber superar los obstáculos que a uno se le plantean, y el cierre de la película no es uno insalvable.

Huyendo de la manida fórmula gramatical de la película necesaria, pues ninguna lo es en el fondo, sí que le iría bien al ser humano del siglo XXI tener la capacidad de encontrar virtudes en lo diferente o, al menos, tener empatía para comprenderse unos a otros en beneficio común. Lu Po-Shun demuestra en su primer largometraje tener una capacidad empática con el lenguaje cinematográfico que lo convierte en un nombre a tener en cuenta de aquí en adelante.
«WILL YOU STILL BE MY FRIEND» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN.



Jesús Casas
Curioso cultural y ávido consumidor de cine clásico. Ha cubierto el Festival de Cannes 2026 como prensa acreditada para mundoCine y ha entrevistado a personalidades de la talla de Rodrigo Sorogoyen, Rodrigo Cortés, Álvaro Cervantes, Alba Flores o Sam Reid. También ha cubierto eventos desde la Academia de Cine y galas de premios como las Medallas CEC y los Días de Cine.
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