Crítica de ‘Stranger Things 5’ (Vol. 1): Cuesta abajo y sin frenos, pero ¿a quién le importa?

Uno no puede evitar ver la quinta y última temporada de Stranger Things y hacerse preguntas que poco tienen que ver con cine: ¿Es así de predecible porque no saben sorprender al espectador o porque quieren satisfacer las teorías de los fans y tenerlos contentos? ¿ Colocan todos los elementos importantes en el centro del plano por una cuestión estética o para sacar mejores TikToks? ¿Tiene sentido narrativo dividir el estreno de la temporada a lo largo de un mes o estamos asistiendo a la Marvelificación de Netflix? ¿ Empezaron los hermanos Duffer a escribir y dirigir sus capítulos así de mal cuando la serie fue un éxito o es que nuestra memoria nos juega una mala pasada?

2016 queda lo suficientemente lejos como para echar la vista atrás con nostalgia. Pensamos en aquella primera serie juvenil, repleta de referencias al cine de aventuras y terror de los 80, y decimos: «Ay, esto estaba muy bien». Y puede que lo estuviera, aunque no debemos olvidar que la nostalgia es un arma de doble filo. A muchos se nos dibuja una sonrisa en el rostro al reconocer a Los Goonies y E.T., el extraterrestre con una playlist de «temazos de los 80», pero ¿qué pasa con las ideas originales? No puede ser que todo se sustituya por algo que funcionó en el pasado. Tiene que haber algo detrás de una mente creadora, ¿verdad?
Stranger Things se teje mirando y señalando a sus múltiples referentes: Gremlins y la criatura a la que cuida Dustin en la segunda temporada; La Mosca y la progresiva transformación de Billy en la tercera temporada; Pesadilla en Elm Street y Vecna, el villano que persigue en sueños a jóvenes atormentados antes de matarlos, etc. Al contrario que la saga Scream, estas referencias no son más que ideas robadas: no hay metalenguaje, ya que los personajes rara vez hablan de «frikadas», y tampoco hay homenajes referenciando a estas obras desde lo visual. Por ejemplo, en el 5×02, la acción de una madre y su hija, encerradas en el cuarto de baño mientras un monstruo destroza la puerta de madera que les separa, remite directamente a El resplandor. ¿ Era tan difícil homenajear la escena original en lugar de simplemente coger prestada la idea con tanto descaro y pereza?
Ver esta serie, en su quinta temporada (y en la cuarta, y en la tercera…), supone soportar un montón de escenas que has visto antes en otras películas y series. Incluso las ideas originales son clichés y tópicos del cine de aventuras juvenil. Es el síndrome del cine posmoderno, que mira al pasado con devoción y no inventa demasiado. Es el espejo de lo que grandes empresas como Disney hacen con sus marcas. Ahora, las decisiones creativas se toman en despachos, no en salas de guion. Un estudio de mercado dictamina cómo debe evolucionar una franquicia, no una necesidad artística. Es desalentador verlo de esta manera, pero peor es ver un producto genérico y sin alma, como lo que es ahora la serie insignia de Netflix.

Hablamos de los cuatro primeros capítulos de una temporada y serie que verá su final (o no) a finales de 2025. Como dirán los ejecutivos de Netflix: este es el Vengadores: Endgame de Stranger Things. El clímax de una historia que lleva fraguándose desde sus inicios, al menos eso es lo que pretenden vender. No existe manera de convencer a nadie de que en 2016 sabían cómo iba a terminar todo. Se ha ido construyendo sobre la marcha, sin un plan, y vaya si se nota. De forma cada vez más evidente, la trama se construye pensando no en una conclusión lógica en términos narrativos o de desarrollo de personajes, sino en la tasa de audiencias. Y ya sabemos cómo le fue a Juego de Tronos, la serie estrella de HBO, con ese plan. Y, aunque esta serie no apunta a un desastre argumental de tales magnitudes, no hay mucho que rescatar aquí.
¿Recordáis a los personajes de la cuarta temporada? ¡Están de vuelta! Exactamente igual de planos. Cualquier intento de desarrollo de personaje se ve interrumpido por la imperiosa necesidad de generar conflictos que no solo no aportan nada, sino que roban minutos a temas más importantes y potencialmente interesantes. ¿Nuevos personajes y relaciones entre ellos? ¡No! Mejor veamos cómo Cooper sigue sin confiar en Eleven. Mucho mejor ver a Joyce sobreproteger a sus hijos. Lo mismo que llevamos viendo 10 años… ¿Para qué? ¿Qué recompensa hay al final del camino? ¿A estas alturas, acaso importa?
Ahora, Hawkins es una ciudad en cuarentena controlada por el ejército, pero nada ha cambiado significativamente. Resulta que Vecna puede no haber muerto después de que la cuarta temporada acabase con él (cubierto de llamas y tiroteado). Will, con un protagonismo excesivo, descubre (a estas alturas) que puede utilizar su conexión con el Mundo del Revés para ayudar a su grupo en su cruzada para acabar con las fuerzas del mal. , sin entrar en spoilers, no hay mucho más que contar.

El hype mató a Stranger Things hace años. La nostalgia puso el listón tan alto que durante unos años esperábamos que cada nueva temporada superase a la anterior, pero todo ha ido cuesta abajo y sin frenos. La cuarta temporada acabó con lo que probablemente fue el peor capítulo de la serie, de duración desmedida y un montaje horrendo. Un estilo de montaje que, por cierto, se repite una vez más en esta temporada. Pero lo visual también ha perdido todo el posible encanto de los inicios. Ahora, con un presupuesto mucho mayor que en su primera temporada, todo luce peor. No merece la pena entrar a criticar aspectos formales de una serie tan prefabricada, rutinaria y académica, pero sí podemos afirmar que es un claro ejemplo de «menos es más». En 2016, cuando no había suficientes medios para añadir elementos vistosos de forma arbitraria (luces, colores, CGI, etc.), o buen recurso implementado correctamente era cien veces más eficaz. ¿Pero cómo van a entender esto los productores que han invertido millones de dólares?
Cabe destacar el deterioro de las interpretaciones de la serie, especialmente en su reparto joven. Quitando a Sadie Sink, ninguno está especialmente dotado para el arte de la interpretación, pero es sorprendente ver registros tan pobres. Especialmente, con el papel más exigente de todos: el de Will, interpretado por Noah Schnapp. Es frustrante ver a un actor darlo todo y no conseguir nada con una nula presencia en pantalla.


En definitiva, solo podemos seguir con la quinta temporada de Stranger Things por pura inercia. Quizá al final del túnel haya algo destacable. Pero, siendo realistas, es improbable.
«STRANGER THINGS» TEMPORADA 5, VOLUMEN 1, YA EN NETFLIX.

Enrique Constans
Licenciado en cine documental por la ECAM, donde realizó varios cortometrajes en calidad de director, guionista y montador. Además, ha estudiado guion y crítica cinematográfica y dirigido y escrito varios cortometrajes. Actualmente se dedica tanto a la escritura de ficción como a la docencia de Historia del Cine en la UNED. Ha cubierto el 73.º y el 74.ºFestival Internacional de Cine de San Sebastián como prensa acreditada para mundoCine.
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