Crítica de ‘Ballad of a Small Player’ (‘Maldita Suerte’) [73SSIFF]: Edward Berger apuesta todo a una mano perdedora que ni Colin Farrell puede salvar.

Cuesta horrores digerir cómo Edward Berger, después de películas de la talla de Sin novedad en el frente o Cónclave, e incluso haber estado en la terna final para escribir el nuevo reinicio de James Bond antes de que Steven Knight se llevara el encargo, pueda dar un paso atrás tan gigantesco con Ballad of a Small Player. El filme aterriza, tras su paso por Telluride y Toronto, en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, donde compite por la Concha de Oro, aunque lo cierto es que el verdadero año del cineasta alemán para conquistar el palmarés donostiarra fue el pasado, con ese thriller papal tan irónico como disfrutable que acarició el Óscar a la Mejor Película y que, inexplicablemente, se fue de la capital guipuzcoana con las manos vacías.
En Maldita suerte, que es como se titula en España, adaptación de la novela de Lawrence Osborne, seguimos a Lord Doyle (Colin Farrell), un inglés venido a menos que malvive en Macao entre casinos, alcohol, banquetes y deudas crecientes. El tipo debe hasta la cuenta del hotel –145.000 dólares hongkoneses con solo tres días para saldarla– cuando se cruza con Dao Ming (Fala Chen), empleada de casino que podría ser su improbable salvación. Y, por si fuera poco, le pisa los talones Cynthia Blithe (Tilda Swinton), una investigadora privada.
![Crítica de ‘Lurker’ [73SSIFF]: Every breath you take, I’ll be watching you.](/uploads/2025/09/lurker-2025-critica.webp)

Lo mejor de Maldita suerte y, siendo honestos, lo único que podría salvarse, es su fotografía colorista, saturada y exuberante a cargo de James Friend (The Acolyte), que recrea el vértigo visual de los casinos a la escala desmesurada de todo Macao. Neones fulgurantes, localizaciones de ensueño y un exceso hiperrealista crean un escenario absolutamente idóneo para Doyle mientras lidia con su codicia autodestructiva. Mención aparte merece la banda sonora de Volker Bertelmann (Una casa llena de dinamita), que refleja las dos caras de la odisea de Doyle: por momentos diabólica, estruendosa y atronadora, subrayando su ludopatía y adicción; y por momentos dotada de una dimensión espiritual, traduciendo ese anhelo de redención y de una vida mejor.
Pero la historia de Maldita suerte se sostiene con muy poca firmeza, sobre todo cuando el guion de Rowan Joffe (Tin Star) alcanza un segundo acto indigestible y soporífero, plagado de elementos sobrenaturales, oníricos y fantasmagóricos que simplemente no funcionan, aunque se envuelvan en el exotismo de la siempre interesante cultura china. En ese sentido, los locales llaman a Doyle gwailou, que se traduce al español como «demonio extranjero», procedente del cantonés para referirse a los occidentales. Al mismo tiempo, Doyle vaga por los casinos como si estos fueran purgatorios, mientras se aproxima el Festival de los Fantasmas Hambrientos, una celebración tradicional en la que los espíritus de los muertos quedan libres para deambular, culminando en la Noche de los Fantasmas Hambrientos. En la misma línea, la película se adereza con historias y diálogos espirituales, como la noción budista de preta, que literalmente significa «aquellos que han partido», seres condenados a un hambre insaciable de cuello delgado y vientre enorme, reflejo de la codicia perpetua de Doyle; o Naraka, el infierno budista concebido como un ciclo interminable de apuestas y victorias.

Un sudoroso Colin Farrell (Sugar, El pingüino), con pelo engominado, traje impoluto y guantes amarillos, no puede rescatar Maldita suerte, un estudio de personaje débil, incoherente y mal ensamblado. Ni la variada baraja –nunca mejor dicho– de planos que Berger despliega alrededor de Farrell, como sus interminables primeros planos en modo desquiciado o el plano holandés inicial mientras desciende por las escaleras mecánicas del casino para transmitir desorientación; ni, por supuesto, las agotadoras conversaciones existenciales con el personaje de Fala Chen (Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos); y ni siquiera los tímidos y fallidos intentos de dramatizar las partidas de bacará logran enganchar al espectador, que queda sumido en un tedio creciente. Mucho más disfrutables son, sin embargo, los fragmentos en los que Farrell comparte plano con Tilda Swinton (The End), actriz que se diluye deliciosamente entre pelucas imposibles y maquillajes estrambóticos, como una delirante primera persecución, realzada por el score de Bertelmann, o encuentros excéntricos y hasta cómicos.
![Crítica de ‘Los Domingos’ [73SSIFF]: Alauda Ruiz de Azúa. Amén.](/uploads/2025/09/los-domingos-alauda.webp)

En definitiva, Maldita suerte es una mano perdedora de Berger, sin un solo as que pueda darle la vuelta.
«MALDITA SUERTE» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN Y SE ESTRENA EL 29 DE OCTUBRE EN NETFLIX.



Marta Medina
Directora de mundoCine. Graduada en Estudios Ingleses por la Universidad de Sevilla (US) y con un nivel C2 de inglés. Tomatometer-Approved Critic y miembro del Círculo de Profesionales de las Series Españolas. Amante del cine y seguidora de la temporada de premios y festivales de cine. Ha cubierto festivales de cine como el de Sundance, San Sebastián y Sevilla, y eventos como la San Diego Comic-Con Málaga, además de entrevistar a personalidades como el oscarizado Gints Zilbalodis. En 2024, recibió el premio ASECAN a la Mejor Labor Informativa sobre Cine.
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