Crítica de ‘Godzilla Minus Zero’: Takashi Yamazaki hace lo imposible y se marca dos de dos home runs en la cúspide del género kaiju.

Godzilla Minus One (2023) fue una de las grandes sorpresas de la serie B de los últimos años. Si la no menos espectacular Shin Godzilla (2016), de Hideaki Anno, combinaba la crítica a la burocracia japonesa con conceptos espeluznantes de horror cósmico, Godzilla Minus One reimaginaba el original de 1954 con una misión muy importante: recordarnos a los occidentales el significado de Godzilla como símbolo del trauma nuclear nipón y de la pericia que llevó al pueblo japonés a volver a levantarse desde la nada. Tan bien lo hizo que, con permiso de Oppenheimer, de Christopher Nolan, fue la mejor película sobre el trauma nuclear de su año.
Tres años después, Takashi Yamazaki (Stand by Me Doraemon, Lupin III: The First) regresa con Godzilla Minus Zero, una secuela directa que retoma los hechos en 1949, dos años después de la derrota de Gojira a manos de una resistencia ciudadana nacida de los restos de una marina, una aviación y una infantería arrasadas tras las dos bombas atómicas, las madres de todas las bombas. Koichi Shikishima (Ryūnosuke Kamiki), expiloto kamikaze que da por «terminada su guerra» y ha superado, más o menos, su trauma posbélico, vive una vida aparentemente feliz junto a su esposa, Noriko Oishi (Minami Hamabe), pero los fantasmas de aquel conflicto no tardan en regresar y, esta vez, Godzilla no es el único monstruo gigante al que se enfrenta el país del sol naciente.

Aquí es donde Godzilla Minus Zero juega su carta más arriesgada: recupera el género de batallas entre monstruos y arranca con el que posiblemente sea el archienemigo más famoso del universo G, Ghidorah, el dragón dorado de tres cabezas, portador del relámpago y de la calamidad. Si Godzilla es una fuerza de la naturaleza que equilibra el mundo y sus ecosistemas, Ghidorah representa la destrucción y la crueldad de la muerte en todo su esplendor. En paralelo, la película recoge el hilo del final de Godzilla Minus One, cuando a Noriko le aparecían bajo la piel unas marcas negras que apuntaban a una conexión con Godzilla. Las teorías no iban desencaminadas, pero Godzilla Minus Zero cruza ese puente de cuerda con precisión y cautela, sin caer en los clichés absurdos que la habrían convertido en una serie B ridícula (esto no es Biollante).

Esta secuela también desarrolla a sus personajes significativamente. La trama de Noriko es un ejemplo de feminismo bien entendido: ella toma conciencia y decide luchar por Japón, por el futuro de Akiko (la niña huérfana que adoptó junto a Shikishima) y por todos los niños del orfanato que construyeron en su vieja y ruinosa casa. Por otro lado, el científico Kenji Noda (Hidetaka Yoshioka), brújula moral de ambas películas, encuentra su reverso tenebroso en el biólogo Kanji Murakami (Min Tanaka), un hombre mayor consumido por el odio a Estados Unidos por haber destruido Japón. Esto completa lo que Godzilla Minus One dejaba entrever al mostrarnos los cuerpos calcinados de su familia tras la bomba. El pobre hombre, completamente desquiciado, urde un plan para vengarse y devolverle el fin del mundo a América.
En cuanto a las peleas, a las toñas entre monstruos, ¡qué decir! Son un auténtico deleite para los sentidos. Los combates contra los restos de la milicia japonesa y, sobre todo, el duelo entre Godzilla y Ghidorah son la mejor versión del tokusatsu, con unos efectos especiales que reducen los de Godzilla Minus One, ganadores del Óscar, a una mera demo técnica. Pero esto no son solo kaijus dándose de leches (lo ejemplifica una escena divertidísima en la que un investigador enfrenta dos figuritas de madera como si fueran juguetes): como en su antecesora, en la base de todo hay una historia humana universalmente conmovedora.

Sin ánimo de destripar nada más, Godzilla Minus Zero es una nueva cita obligada para los fans del cine de género, del drama y del thriller bien ejecutados y de la cultura japonesa en general. Y el gigante gris no ha terminado aquí. Lo dicen los guiños evidentes a una tercera parte que cerraría la trilogía Minus, pero también el cameo de Hideaki Anno en una escena como pasajero en un tren. Sumado a los rumores recientes de una Shin Godzilla 2 que empezaría a rodarse este noviembre, eso nos tiene a los amantes de los kaijus en un estado de éxtasis total.
"GODZILLA MINUS ZERO", ESTRENO EN CINES.


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