Crítica de ‘Redoubt’ (‘Värn’) [73SSIFF]: El fantasma de una amenaza que sigue vigente.

Habita entre el folclore popular un personaje a caballo entre el mito y la realidad del lugar al que pertenece. No es un ser fantástico ni con poderes sobrenaturales, pero sí impregna el espíritu de una comarca y de sus generaciones. Estos relatos, que pasan de padres a hijos, están sustentados con la argamasa de la suposición y el rumor, pues poco se conoce en realidad del anacoreta que vive aislado de sus conciudadanos, sus costumbres y tradiciones. Redoubt (Värn), que tiene su estreno mundial en el marco de la 73.ª edición del Festival de Cine de San Sebastián (SSIFF), donde compite en la sección New Directors, recuerda a uno de estos personajes y a la alienación que sufre ante una amenaza bélica pretérita que hoy es tan vigente como entonces.
En su segundo largometraje, el director sueco John Skoog amplía la propuesta que abordó en 2014 en su cortometraje homónimo, en el que muestra imágenes de la fortificación real que el granjero Karl-Göran Persson construyó en un campo de cultivo con los elementos que iba acumulando de la chatarra y del entorno para protegerse de un posible ataque soviético durante la Guerra Fría. Casi como un guiño al conflicto pasado y presente, la película está producida por un conglomerado de países europeos, desde el país natal del director, Suecia, hasta Dinamarca, Polonia, Finlandia o Reino Unido.
![Crítica de ‘Nouvelle Vague’ [73SSIFF]: El verdadero arte es plagio o revolución.](/uploads/2025/09/nouvelle-vague-san-sebastian-critica.webp)
Antes de los créditos, Redoubt presenta imágenes reales del folleto If war comes, que recibían los habitantes suecos durante la Guerra Fría con instrucciones visuales sobre cómo refugiarse ante la inminencia de un ataque soviético. Este panfleto y la amenaza latente alienan al granjero sueco Karl-Göran Persson (Denis Lavant), quien emprende la tarea de construir una fortificación con todo lo necesario para protegerse a sí mismo y a sus vecinos. Este ermitaño, que apenas tiene relación con los niños de la aldea, empieza a hacer acopio de desperdicios y de cualquier material que encuentra, como amasijo para la construcción del reducto. La figura y la labor del granjero serán objeto de murmullos, recelos e incluso burla entre sus vecinos, que acabarán por tildarlo de loco.
Skoog decide contar una historia que conoce bien, ya que forma parte de sus raíces autóctonas, y elige para ello dos puntos de vista. El primero sigue las tareas costumbristas del granjero: desde la recogida del material, el proceso de construcción del reducto y aquellos momentos en los que se relaciona con su comunidad. Es el segundo punto de vista desde el que el director aborda el tono folclórico para salir de la linealidad del relato puramente naturalista. La voz en off de uno de los niños del pueblo introduce, a modo de cuento, la relación de estos con el personaje principal en determinados momentos expuestos en elipsis, como aquellos en los que es más activo con los propios niños –cuya conexión con él es más empática que la de los adultos– y otros en los que el personaje protagonista se encierra en la fortificación, ejemplo no solo de su encierro físico, sino también de su aislamiento y miedo emocional, algo que se narra expresivamente mediante el humo negro que desprende la chimenea.
La dirección y la fotografía ondulan también entre estas dos vertientes narrativas. El blanco y negro de Ita Zbroniec-Zajt aporta un aura de relato histórico, a la vez que el juego de luz expresionista en el interior de la fortificación, en vida de Persson, ayuda a construir la sugestión de opresión y amenaza exterior que siente. El ritmo de la película apuesta por construir la emoción desde la sensorialidad y la dilatación de escenas, algo de lo que quizá abuse en algunos planos estáticos del film, haciendo partícipe al espectador del sacrificio, la tenacidad y la obstinación del granjero en su empeño personal. La fluidez de los movimientos de cámara invita al espectador a ser testigo distante de las tareas de Persson, casi como si no quisiera turbar su atención. Es interesante cómo Skoog trabaja el plano secuencia en tres escenas de celebración comunitaria, donde siempre parte de primeros y medios planos de los habitantes, hasta recorrer a varios de ellos, finalizando la toma –y el movimiento de cámara– en el granjero.
Tan solo en la escena más tensa de la película la imagen se vuelve violenta y nerviosa: momento en el que unos jóvenes insultan y amenazan físicamente la fortaleza del personaje protagonizado por Denis Lavant.
El actor fetiche de Leos Carax, con quien ha trabajado en Los amantes del Pont-Neuf (1991) o Holy Motors (2012), soporta la carga narrativa y expresiva durante todo el metraje como protagonista único de Redoubt. Desde el gran plano general de presentación, en el que anda circularmente mientras mide la planta del reducto, encontramos a un personaje aislado física y emocionalmente. El trabajo conjunto de Lavant y Skoog logra construir la empatía con un personaje a todas luces alienado pero, a su vez, lleno de bonhomía, vulnerabilidad y miedo. De manera acertada, no se desvela explícitamente si la causa única de esta prisión física y psíquica es el panfleto bélico, alguna ruptura familiar previa o, quizá, ambas. En una película sin más música extradiegética que las sirenas de alerta civil, Lavant alcanza registros muy interesantes cuando la noche se cierne sobre la fortificación y el contraste de luz evoca a la temida guerra.
![Crítica de ‘Bad Apples’ [73SSIFF]: Saoirse Ronan subvierte hilarantemente la imagen del profesor redentor y te convierte en cómplice de sus crímenes.](/uploads/2025/09/bad-apples.webp)
Redoubt se siente como una obra personal de John Skoog, no solo por la historia que narra, sino también por las decisiones formales que toma para hacerlo. No es difícil, además, empatizar con la sensación de amenaza a las puertas en el momento geopolítico actual, donde todo parece a punto de estallar. En una sociedad acostumbrada a los hechos extraordinarios, la película invita a la reflexión y da a conocer a un personaje que, más allá de cualquier otra valoración, trabajó de manera incesante para proteger a su comunidad.
«REDOUBT» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN.



Jesús Casas
Curioso cultural y ávido consumidor de cine clásico. Ha cubierto el Festival de Cannes 2026 como prensa acreditada para mundoCine y ha entrevistado a personalidades de la talla de Rodrigo Sorogoyen, Rodrigo Cortés, Álvaro Cervantes, Alba Flores o Sam Reid. También ha cubierto eventos desde la Academia de Cine y galas de premios como las Medallas CEC y los Días de Cine.
Sigue leyendo...

El palmarés de la Seminci 2026: ‘Dao’, de Alain Gomis, se lleva la Espiga de Oro con la historia de una boda en Francia y un funeral en Guinea-Bisáu.

El Festival de Sevilla 2026 pone a la venta sus entradas, y estas son las 15 películas que no te puedes perder, de la Palma de Oro ‘Fjord’ a la Carmen más animada.

Crítica de ‘Matar a un oso’: Los hermanos Sánchez-Cabezudo reescriben las reglas del thriller español con una historia que va mucho más allá del crimen.

Crítica de ‘Wildwood: El bosque salvaje’: La película del año se construye como una obra atemporal que habla tanto de la artesanía en sí como de sus propios temas.

Thierry Frémaux recibirá el Giraldillo de Honor en el Festival de Sevilla 2026.

Sandra Sánchez, cuya historia llega al cine con ‘Karateka’: «La mente te dice que no mucho antes de lo que de verdad el cuerpo puede soportar».

Crítica de ‘Karateka’: El admirable blockbuster sobre una Indiana Jones de Talavera de la Reina.

Javier Giner, director de ‘Esta soledad’: «'Yo, adicto' era yo en un festival de música; 'Esta soledad' soy yo un domingo en casa».

Crítica de ‘Esta soledad’: Una relación desde sus ausencias.
![Crítica de ‘Cartas de Estado’ (‘Yellow Letters’) [71Seminci]: Precisa disección de la represión política como dinamita familiar.](/uploads/2026/10/cartas-del-estado-yellow-letters-2026-critica.webp)
