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Crítica de ‘Tangles’ [74SSIFF]: La memoria como espacio para la empatía.

Fotograma panorámico en blanco y negro de la película Tangles, mostrando el mismo abrazo de la imagen anterior en un jardín con una valla de madera blanca, casas y vegetación bajo un cielo nublado dramático.
© SSIFF

Durante los años en que estuvo cuidando a su madre, enferma de alzhéimer, la escritora y dibujante canadiense Sarah Leavitt recopiló una gran cantidad de notas, bocetos y páginas de diario que le ayudaban a expresar sus sentimientos mientras lidiaba con la enfermedad de su progenitora. En 2010, esos recuerdos plasmados en papel dieron lugar a la novela gráfica Tangles: A Story About Alzheimer’s, My Mother and Me.

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Trasladada ahora a la pantalla, Tangles –presente en las proyecciones especiales del pasado Festival de Cannes y estrenada en España dentro de la sección Perlak del Festival de San Sebastián– toma la idea de los recuerdos y los pone en su centro desde el minuto uno. Pese a lo que cabría esperar, su directora, la debutante Leah Nelson, no pone el foco en la pérdida de la memoria en sí misma, sino en la manera en que los recuerdos pueden alterarse y vivirse de mil formas diferentes para los que se encuentran alrededor de ese proceso. La cineasta lo deja claro con un texto sobreimpresionado que reza: «Algunos miembros de mi familia no estarán de acuerdo con lo que voy a contar, pero así es como yo lo recuerdo».

Así, Tangles cuenta los viajes de Leavitt desde San Francisco hasta el estado de Maine, donde vive su familia, para cuidar de su madre, Midge, y explora las dificultades de construir una vida dividida entre las obligaciones del mundo adulto y las raíces, mientras lidia con tantas perspectivas sobre la enfermedad como miembros hay en su familia.

Fotograma en blanco y negro de la película Tangles donde aparecen cuatro personajes de estilo animación 2D sentados en lo que parece una sala de espera, mirando al frente con expresiones preocupadas y serias.
© SSIFF

Si el descuidado y naíf trazado de Leavitt en el tebeo traslucía la inmediatez y el carácter directo de la historia, aquí Nelson apuesta por un estilizado blanco y negro en animación 2D que apenas se rompe con fogonazos de color que sirven de vía de entrada a la fantasía. La directora es tremendamente hábil para sacar todo el jugo al estilo animado y encuentra la manera perfecta para trasladar los pensamientos de ansiedad, amor, depresión o felicidad de la protagonista en secuencias tan sorprendentes como creativas, que incluyen mil detalles que abren la puerta a todo el sentimiento que alberga esta pequeña gran película.

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Porque si de algo está cargada Tangles es de emoción. Quizá, en ocasiones, hay demasiada emoción, llegando a lo cursi por momentos y recargando con símbolos excesivamente evidentes varias de sus mejores ideas. Además, la cinta –que cuenta en su versión original con las voces de Bryan Cranston (Breaking Bad) y Seth Rogen (The Studio)– debe soportar la habitual pregunta que suele provocar este tipo de historias sobre la pornografía emocional y la representación de la enfermedad y situaciones críticas semejantes en el cine.

Composición abstracta y surrealista en blanco y negro para la película Tangles, con un primer plano de una persona mayor con gafas y cabello revuelto, flotando ingrávida en la oscuridad rodeada de formas orgánicas blancas y otras dos figuras distorsionadas.
© SSIFF

Tangles, sin embargo, no pretende ser excesivamente solemne. Su ambientación noventera y su sentido del humor consiguen que la película bascule de forma perfecta entre tener al espectador al borde del llanto y hacerle soltar una carcajada tremendamente liberadora poco después, con especial mención a esa voz imaginaria de azafata de avión que cose las secuencias entre los dos mundos de la protagonista.

Ese equilibrio es lo que hace tan especial a la película. Mientras su empática y amable representación de cada perspectiva y actitud ante la dolencia resultará cercana a cualquier espectador, tendrá un calado mayor entre aquellos que hayan sufrido este proceso en su entorno cercano, sirviendo como un puente para entendernos y ser el soporte del otro en las épocas más duras.

Plano interior en blanco y negro desde detrás de una persona sentada en el umbral de una puerta abierta, mirando hacia un jardín luminoso en la distancia. A los lados, muebles de salón y sombras proyectadas por la luz exterior.
© SSIFF

En definitiva, pese a pecar de excesivamente subrayada y melosa por momentos, Tangles es un tierno ejercicio sobre la memoria, la familia y la manera en que las vivencias de los sucesos más trágicos pueden multiplicarse hasta el infinito, disparando la necesidad de empatizar siempre con el prójimo.

«TANGLES» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN Y SE ESTRENA PRÓXIMAMENTE EN CINES.


Nota:
3.5/5
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Escrito por:
Fernando Olmedo

Fernando Olmedo

Estudiante del Máster en Periodismo Cultural de la Universidad CEU San Pablo. Fanático del cine de género y fiel creyente de que las buenas películas te hacen mejor persona. Ha cubierto el Festival de San Sebastián como prensa acreditada para mundoCine.