CRÍTICA: «Theater Camp»
El esnobismo teatral llevado al absurdo.

Cuando en 2001 Ricky Gervais (“After Life”) presentó al mundo su “The Office”, seguramente no imaginaría la tremenda repercusión que sufriría la serie que acababa de crear junto con Stephen Merchant (“Jojo Rabbit”). Una serie que utilizaba el formato de “falso documental” (o “mockumentary”) para crear una comedia de situación que giraba en torno al anodino día a día de los trabajadores de una empresa, eso sí, con la exageración y caracterización como protagonistas. Un concepto que ha sido utilizado en numerosas ocasiones en el mundo del cine y de las series, y del cual los guionistas Noah Galvin (“Super empollonas”), Molly Gordon (“Chicos buenos”), Nick Lieberman y Ben Platt (“Dando la nota”) se apropian para crear esta “Theater Camp”.
En este sentido, la película conforma un “mockumentary” que fija su atención en AdirondACTS, un rudimentario campamento de teatro en el norte del estado de Nueva York que cada verano acoge a niños de todas las partes de Estados Unidos para educarlos en el noble arte del teatro. Sin embargo, a pocos días de empezar, su fundadora, Joan (Amy Sedaris), cae en coma. Obligado a tomar las riendas del campamento, su hijo Troy (Jimmy Tatro) se verá en la tesitura de tener que mantener a flote este ruinoso campamento, al menos, un año más, llevándolo a unir fuerzas con Amos (Ben Platt), Rebecca-Diane (Molly Gordon), y un grupo de excéntricos profesores.

A pesar de la esencia cómica que reside en esta oda al mundo del teatro juvenil, donde la caricaturización de los personajes y las situaciones a las que se enfrentan es la nota predominante a lo largo de los 94 minutos de metraje, “Theater Camp” supone un paso más allá con respecto al concepto de “mockumentary” que popularizó a comiendo de los 00s el cómico británico Ricky Gervais. La dirección novel a cargo de Molly Gordon y Nick Liberman es capaz de recoger aspectos propios del cine de Benjamin Christensen (concretamente, de su “La brujería a través de los tiempos” de 1921) para enfatizar el deseo de querer hacernos ver que lo que estamos presenciando, no es ficción, sino realidad. Con la inclusión de intertítulos propios del cine mudo, en el cual se realizan descripciones objetivas que contextualizan lo que estamos presenciando, junto con la posición de la cámara, el uso de planos medios y generales, y el montaje lineal, “Theater Camp” trata de emular la búsqueda de veracidad propia de los documentales, acentuando mucho más la comedia de lo absurdo. Y es que, lo que vemos es gracioso porque es “verdad”.

Y no solo eso, sino que el tratamiento en forma de documental sobre lo que vemos, junto con el cariño con el que se trata toda la trama de “Theater Camp”, hace que la cinta rezuma sensibilidad en cada plano. Una sensibilidad intercalada con la exposición y pseudocrítica (en forma de caricaturización) al esnobismo y pretenciosidad que (se supone) que caracteriza a la industria del teatro en general, y a la de Broadway en particular, donde las actuaciones del elenco brillan con luz propia.
Un elenco liderado por un hilarante Jimmy Tatro, quien interpreta a Roy, y que representa la figura disruptiva, generadora de situaciones cómicamente incómodas, siendo, además, el personaje sobre el que recae la mayor carga de este falso dramatismo que impera en la cinta. Un “dramatismo” que fuerza las situaciones más cómicas de “Theater Camp”, y que demuestra que la selección de los personajes que protagonizan este falso documental no podría haber sido más acertada.

En definitiva, “Theater Camp” supone una refrescante comedia que expone a base de ironía y parodia los elementos más excéntricos del mundo del teatro. Un paso más allá a la hora de construir un “mockumentary” donde la búsqueda de hacer creer al espectador que lo que está viendo son sucesos que han ocurrido en la realidad y no son mera ficción, acentúan de manera relativamente innovadora los gags cómicos con los que cuenta el guion. Sin duda, una de las comedias del año.
“THEATER CAMP», YA DISPONIBLE EN DISNEY PLUS+.



Mario Hernández
Cinéfilo granadino de la generación del 98, amante del cine independiente y las grandes sagas. Entusiasta de una buena sesión de peli y manta y graduado en Economía por la Universidad de Granada (UGR) con nivel C1 de inglés. Ha realizado el curso de Crítica de Cine en la Escuela de Escritores de Madrid y ha cubierto como prensa acreditada festivales como los de Málaga y San Sebastián y la San Diego-Cómic Con Málaga para mundoCine, además de entrevistar a personalidades de la talla de Salva Reina, José Mota, Jorge Sanz y Callum Kerr.
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